
La semana pasada se celebró el tercer Festival anual de la Nueva Bauhaus (NEB), con el que la Comisión Europea festeja y divulga las ideas … innovadoras que mejoran la vida cotidiana y fomentan la creación de entornos sostenibles, inclusivos e inspiradores.
Hace algo más de un año ya traje a esta mesa algunas de las cuestiones que atraviesan la NEB a raíz de la constitución del capítulo local Urbactivistas, un proyecto impulsado por el Ayuntamiento de Murcia, la Universidad Politécnica de Cartagena y Eurovértice que hoy cuenta con doce miembros.
Por sintetizar, recordaré que la NEB es una iniciativa de la Unión Europea que busca impulsar el desarrollo de nuestros hábitats desde la atención a la diversidad, lo cotidiano, las raíces y la innovación, para avanzar hacia un futuro más justo y amable.
Pero hoy no quiero centrarme en el ahora y el mañana, sino que, rememorando a Walter Benjamin y a Jorge Oteiza, me gustaría echar la vista atrás, como los remeros que avanzan hacia el futuro mirando al pasado. Por eso me parece importante aprovechar estos días de celebración para reivindicar aquel espíritu con el que Walter Gropius fundó, justo después de la Primera Guerra Mundial, la Bauhaus, una escuela de arquitectura y diseño con una relevante dimensión ética y política.
Aquel nodo de conocimiento y creatividad, nacido en el corazón de una Europa devastada, creyó firmemente que la vivienda, los muebles o los objetos cotidianos eran instrumentos de transformación social y que un entorno mejor diseñado contribuiría a construir una sociedad mejor. Lo que vino después no fue el fracaso de aquellas ideas, sino la reacción violenta de quienes percibían como una amenaza el proyecto de transformación social que encarnaban.
La Bauhaus cerró sus puertas en julio de 1933 como consecuencia de la presión ejercida por el régimen nazi.
Hoy, como acto de memoria y reconocimiento, me gustaría profundizar un poco más en aquella iniciativa educativa, cultural, social y política. En concreto, quiero hacerme eco de las numerosas investigaciones que en los últimos años vienen subrayando la transformadora y silenciada aportación de las mujeres cuya presencia, a pesar de las limitaciones de género impuestas dentro de la propia escuela, fue clave en ámbitos diversos y fundamental para ampliar la noción de diseño.
De hecho, más allá de los lenguajes modernos que buscaban representar formalmente los avances de la sociedad europea, sus contribuciones estuvieron impregnadas de humanidad y anticiparon debates tan actuales como el diseño centrado en las personas, la sostenibilidad material, la inclusión social, la educación creativa, la interdisciplinariedad o las relaciones entre cuidados, espacio y vida cotidiana.
Por traer un ejemplo, podría citar a Anni Albers (1899-1994), considerada una de las figuras más influyentes del diseño textil del siglo XX. Su labor transformó el telar en un espacio de investigación material y tecnológica, desarrollando tejidos con propiedades acústicas, reflectantes y funcionales, y demostrando que la innovación podía surgir de disciplinas tradicionalmente consideradas menores.
La recuperación de estas trayectorias está llegando a museos, instituciones culturales y exposiciones de referencia. En este sentido, aunque no centrada específicamente en la Bauhaus sino en el marco más amplio de la modernidad arquitectónica, acaba de inaugurarse en la Casa de la Arquitectura de Barcelona la exposición Modern Domestic Landscapes. Esta muestra, integrada en los actos conmemorativos de la Capital Mundial de la Arquitectura, resalta cómo arquitectas de uno y otro lado del Atlántico ejercieron su profesión desde una profunda vinculación con los territorios y los hábitos cotidianos.
Aunque, como ha sido habitual, durante décadas muchas de estas mujeres quedaron eclipsadas por figuras masculinas más conocidas, la revisión de la historia desde una perspectiva de género está demostrando que fueron protagonistas esenciales de la modernidad.
Recordar sus aportaciones no es únicamente un ejercicio de justicia histórica. También es una forma de comprender mejor los desafíos del presente y de reconocer que algunas de las ideas que hoy consideramos más innovadoras como la sostenibilidad, el cuidado, la inclusión o la atención a la vida diaria, formaban ya parte del horizonte de quienes, hace más de un siglo, imaginaron una manera más consciente e integradora de habitar el mundo.

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Enlace de origen : El legado de las mujeres modernas