La historia ha demostrado que los grandes imperios son cíclicos. Durante el siglo XX, la hegemonía mundial perteneció a Estados Unidos, pero ya muestra signos … de agotamiento y está dejando paso a China, que no dominaba el tablero desde el siglo XVI. Es el gigante asiático el que está sentando las bases de un nuevo orden mundial que tiene ciertas particularidades y que, aunque causa bastante recelo por tener como protagonista a un país muy alejado del pensamiento occidental, también cuenta con el apoyo de numerosos socios entre países emergentes de África, América y Asia, asociándose a los países emergentes del sur global.
Este fue el punto de partida de la nueva sesión del Aula de Seguridad y Defensa que organiza LA VERDAD con el impulso de Caetra, celebrada el pasado jueves en el salón de actos de la Fundación Cajamurcia en Cartagena bajo el título ‘China construye un nuevo orden mundial’, y que tuvo como ponente de honor a Georgina Higueras, periodista, escritora y docente, especialista en Asia.
El acto estuvo moderado por Gregorio Mármol, jefe de Redacción de LA VERDAD, mientras que la presentación de la ponente corrió a cargo del general de Infantería de Marina (R), Juan Manuel Ortí, coordinador del Aula, que puso en antecedentes a la audiencia acerca de la experiencia acumulada por Higueras como corresponsal para diversos medios en Pekín, Washington y Estrasburgo, desde donde cubrió diferentes conflictos internacionales, muchos de ellos en Asia.
«China está ejerciendo su dominio en el mundo sin hacer demasiado ruido, solo con hechos». Fue la primera sentencia de Georgina Higueras durante una ponencia convertida en clase magistral. Y pasó a aportar los datos: China se convirtió en la primera potencia económica mundial en 2014 midiendo la Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), superando a Estados Unidos desde entonces; cuenta con un PIB per cápita que se acerca a los 14.000 dólares (pretende llegar a las 25.000 dólares en la próxima década); es la primera potencia exportadora del mundo (ya dejó atrás a la Unión Europea); es fuente permanente de innovación, encabezando ahora el número de patentes registradas; es la segunda potencia militar del mundo (presupuesto de 246.000 millones de euros, cuenta con cerca de 400 cabezas nucleares y ejerce un gran dominio naval con 370 buques), y. aunque se declara como potencia militar defensiva, está rearmándose y construyendo puertos de aguas profundas que podrían convertirse en bases militares en el futuro; es el principal prestamista del sur global con el yuan fortaleciéndose como moneda de cambio en contra del dólar; Y, por último, es líder en industrialización robótica.
Aquí, Georgina Higueras hizo un inciso. «China siempre ha sido la mayor manufacturera del mundo y quiere seguir ejerciendo ese papel, pero es consciente de que la política del hijo único fue un error garrafal y se ha vuelto en contra de su modelo de crecimiento, ya que el país está perdiendo población rápidamente», argumenta la experta. Explicando al respecto que «el Estado se está viendo obligado a robotizar el país para seguir siendo el dispensador del mundo».
La ponente tranquilizó a la audiencia a la hora de asegurar que «China no quiere romper con el orden internacional actual como pretende Rusia», pero sí que «está construyendo otro de forma paralela, buscando que sea reconocido su dominio».
Entre las claves de este nuevo orden mundial está su intención de crear una narrativa contra el unilateralismo de Estados Unidos. Para ello propone un orden múltiple gobernado por la ONU, así como reformar las instituciones internacionales con normas vinculantes y exigibles, promoviendo la igualdad entre naciones y una cooperación más justa, inclusiva y sostenible.
«España y la Unión Europea deben ponerse las pilas y defender una independencia estratégica para llegar a acuerdos también con China»
China también defendería reforzar la soberanía y seguridad de las naciones, priorizar la educación, la ética del trabajo, la innovación y un mundo más armónico, así como una posición moral superior frente a la doble moralidad de occidente.
Georgina Higueras cree que, ante el papel de China en el tablero geopolítico y económico, España y la Unión Europea deben «ponerse las pilas y ejercer una independencia estratégica que les permitiera establecer relaciones tanto con Estados Unidos como con China y no depender solo de un país». Al mismo tiempo, la experta alertó de la necesidad de «hacernos fuertes a la hora competir con un gigante como China que aprovecha su sobreproducción para exportar productos que tienen un precio por debajo del mercado, como está pasando con el sector de la automoción».
Un sistema de valores que choca con occidente
El sistema de valores asiático, que da prioridad a la seguridad por encima de la libertad, es el principal escollo para que el modelo chino pueda calar en occidente. «China lo sabe, por eso no quiere imponer su modelo, tan solo que el propio sistema en el que se ha apoyado para crecer, reconozca su validez y tenga más margen de acción para seguir desarrollándose», asegura Georgina Higueras.
«El Partido Comunista de China lo sabe y es consciente de que no puede imponer una estructura piramidal que encabeza el estado y que sostiene totalmente la sociedad en su conjunto», asegura Georgina Higueras. En occidente esta estructura piramidal está configurada a la inversa, siendo la sociedad quien elige a sus líderes en democracia, «por eso hay ciertas posturas que son irreconciliables», apunta la experta.
El capitán de navío Alfonso Carrasco, los coroneles José Ángel Úbeda y Luis González Asenjo, y los almirantes Vicente Cuquerella y Alejandro Cuerda.
Antonio Gil / AGM
A pesar de la represión o la falta de libertad de información que existe en China -incluyendo el acceso a internet-, la sociedad se muestra muy partidaria de las políticas adoptadas por Xi Jinping y sus predecesores. Los cambios en la sociedad china son evidentes y se han hecho palpables en estos últimos cincuenta años, especialmente a nivel de infraestructuras, transformando por completo la imagen del país. Reseña la propia Georgina Higueras que en cada viaje que realiza al país asiático comprueba nuevos avances y todos están marcados por el mismo patrón: repercuten positivamente en la sociedad. Ahí está la clave, pues todo el modelo de crecimiento chino se desmoronaría en el momento en que la sociedad considerara que el Partido Comunista Chino ha dejado de gobernar pensando en su pueblo. «La legitimidad del partido está en la mejoría social y que todo repercuta en el pueblo», sentencia la periodista, que explica que «así se entiende que sean los chinos los mejores valedores de su gobierno, apoyado sobre todo por una juventud que es muy nacionalista».
Pero el estado lo tiene todo bien atado. El Partido Comunista de China cuenta con 100 millones de personas, por lo que está muy presente ya no solo en los órganos de dirección del país sino muy integrada en toda la sociedad civil, controlando no solo lo que se dice sino lo que se piensa.
Otra de las razones del apoyo de la sociedad china al Estado es la igualdad de oportunidades a la hora de poder acceder a las clases sociales con mayor influencia. El Partido Comunista de China es experto en captar a los mayores talentos del país. Las familias saben que el esfuerzo de sus hijos como estudiantes se puede ver recompensado si aprueban los exámenes pertinentes y pasan a estudiar en las mejores universidades del país. Esto significa un pasaporte para formar parte del partido y convertirse en mandarín. En el contexto moderno, el término ‘mandarín’ se utiliza para describir a personas influyentes.
Conflictos externos
Durante la ponencia, Georgina Higueras hizo un repaso a los conflictos que China mantiene abiertos con los países de su entorno, especialmente con Taiwán (conflicto histórico que podría saltar por los aires con la llegada al poder del partido independentista taiwanés), pero también Japón, India, Vietnam, Filipinas e incluso Indonesia. Uno de los frentes abiertos está en el Mar del Sur de China, fundamental para el tráfico marítimo, pues el 80% de los mercantes chinos lo atraviesan. El país asiático está militarizando la zona y construyendo islas artificiales.
Por su parte, en el mar del Este la fricción apunta a la disputa con Japón a partir de que China estableciera en 2013 una Zona de Identificación de la Defensa Aérea (ZIDA) que se superpone con la ZIDA del país nipón.
Con India, el conflicto se basa en territorios que reivindican ambos países en Aksai Chin o Mc Mahon Line. Al norte, «China y Rusia mantienen un matrimonio de conveniencia». «China ni perdona ni olvida que Rusia se hizo con 1.500.000 kilómetros cuadrados de territorio chino, donde actualmente se levante Vladivostok, donde Putin tiene su mayor flota del Pacífico.
El concejal del Ayuntamiento de Cartagena Pablo Braquehais fue el encargado de clausurar esta nueva parada del ciclo Aula de Seguridad y Fuerzas Armadas organizado por LA VERDAD y que cuenta con el impulso de Caetra y el patrocinio de Fundación Cajamurcia, CT Ingenieros, SAES, Navantia, Puerto de Cartagena y el Gobierno de la Región de Murcia, a través del Info.
El público tuvo oportunidad de intervenir durante el encuentro.
La dependencia ‘sana’ del sur global hacia el gigante asiático
Occidente califica de «neocolonialismo» las políticas que China está estableciendo con el sur global, pero lo cierto es que «los países de Asia, África y América Latina con los que Xi Jinping está estableciendo lazos comerciales ven en el gigante asiático el aliado perfecto para poder desarrollarse, especialmente porque muchos de estos estados entienden que el Fondo Monetario Internacional nunca les ha tratado bien», aseguró la ponente. El papel de China ha sido sencillo. Ha aportado infraestructuras que están permitiendo modernizar estos países, especialmente sus vías de comunicación (carreteras, puentes, aeropuertos, puertos…) con el objetivo de poder nutrirse de sus recursos.
China consigue un triple objetivo con este acercamiento al sur global: reforzar con nuevos socios su hegemonía internacional, vender la superioridad moral de la civilización china promoviendo su modelo como ideal en todos estos países y que el yuan sea una moneda de referencia a nivel global.
Por poner un ejemplo, el actual presidente Xi Jinping es consciente de que «la energía es poder» y ha sido capaz de trasladar esta máxima al sur global, convirtiéndose en el principal exportador de capacidad industrial eólica y solar para todos estos países emergentes, que ven en las energías renovables una fuente de desarrollo inagotable. «Estas potencias medias socias de China ya no aceptan que otros países les impongan lo que quieren para ellas y aunque la relación de China también supone dependencia, prefieren su modelo», explicó Georgina Higueras para finalizar.

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