A un mes de las elecciones del 17 de mayo en Andalucía, en las que Vox tratará de impedir la mayoría absoluta del PP, … el líder del partido, Santiago Abascal, inició este jueves otra intensa precampaña, que conducirá a las cuartas elecciones autonómicas en cinco meses, con un doble objetivo: sacudirse los problemas, internos y externos, en los que se ha visto sumida la formación en las últimas semanas y volver a marcar la agenda con los asuntos en los que la derecha radical se siente más cómoda, principalmente, la inmigración.
El acuerdo de Extremadura, cerrado también el jueves, marca el camino para Vox, que puede vender que el nuevo Ejecutivo de María Guardiola se negará a admitir menores no acompañados o devolverá a aquellos cuyos padres sean localizados, igual que protegerá la agricultura local, rechazará el Pacto Verde de Bruselas y bajará impuestos: un programa de Gobierno que intentarán que en Andalucía cale entre su electorado, desanimado por los últimos contratiempos y con un rival duro, aunque con un perfil centrista, Juanma Moreno, del que tratarán de diferenciarse al máximo.
En la localidad jienense de Andújar, Abascal avisó, en su primer acto, del impacto en la seguridad y del colapso que provocará en los servicios públicos y en el mercado de la vivienda la regularización de los inmigrantes aprobada por el Gobierno. «Habrá efecto llamada, muertos en los mares y más listas de espera en nuestros hospitales», señaló el líder de Vox, que acusó a Moreno de defender que «toda África y toda América caben en España». «Agradezco su sinceridad. Moreno tiene un corazón muy grande», ironizó, dejando claro que la inmigración va a ser la bandera de Vox en Andalucía, especialmente, en provincias como Almería o Málaga, donde los extranjeros representan más del 20% de la población.
Andalucía se presenta como una prueba de fuego para Vox. Tras los éxitos electorales en Extremadura y Aragón y el frenazo en Castilla y León, el partido se juega ser decisivo en la comunidad más poblada de España. «Queremos ser influyentes», resuelve Abascal.
Erosión
Pero en su mochila, Vox lleva algunas preocupaciones que están erosionando su antigua fortaleza. Abascal trata de soslayar a los díscolos, con la expulsión del fundador Javier Ortega Smith como último hito, y califica las cuitas con los purgados como «política del corazón», pero en el partido reconocen que la imagen de división interna hace daño. La política internacional, donde antes brillaban las alianzas, ahora también es un contratiempo. Y finalmente, de cara a la opinión pública, incidentes como la expulsión de su diputado José María Sánchez por enfrentarse a la presidencia del Congreso, el martes en un debate sobre el franquismo, tampoco ayudan a la imagen de Vox, aunque Abascal defiende la posición dura y recuerda que en el Congreso se sientan parlamentarios «que han apoyado los asesinatos de ETA» y acusa al PSOE de «promover la violencia política».
En Andalucía, el partido se marca como una meta realista aumentar el número de votos y escaños (actualmente tiene el 13,5% de los sufragios y 14 de los 109 representantes de la Cámara) y aunque no lo creen imposible, sí ven difícil el fin de la mayoría absoluta de Moreno. «Es un deseo más que una expectativa», resumen en Vox. «El PP tiene 58 diputados y es complicado que pierdan cuatro», admiten en la formación: se ven fuertes en Málaga, en Almería y en Cádiz, pero también saben que lo está el PP, que «en los últimos cuatro años ha sustituido las estructuras que tenía el PSOE en Andalucía por las suyas», lamentan. Eso sí, si logran romper la mayoría absoluta del PP, en Vox prevén con Moreno, al que tildan de «socialista», una negociación de investidura «más dura todavía que con María Guardiola».
En Bambú, sede de Vox, han diseñado una campaña electoral similar a las de los comicios autonómicos anteriores. Abascal volverá a «pisar a la calle», tanto las ciudades como pueblos medianos y pequeños «a los que nadie más va», destacan en el partido, que también dará visibilidad a su candidato, Manuel Gavira, al secretario general, Ignacio Garriga, y a los portavoces nacionales, con la cordobesa Pepa Millán a la cabeza.
Abascal defiende con tibieza a Meloni para no ofender a Trump
Acostumbrados en los últimos años a recibir únicamente noticias positivas de sus alianzas internacionales, Vox se ha enfrentado en este terreno a una semana negra. El domingo, su gran socio europeo, Viktor Orbán, perdió las elecciones de Hungría, un drama para Santiago Abascal, que en Fidesz, la derecha radical de este país, había encontrado no solo un laboratorio de ideas, sino también un financiador, de la mano del banco MBHBank, propiedad de un amigo de Orbán.
Pero ahí no quedaron los problemas de la ‘internacional reaccionaria’, como denominan sus enemigos a la confluencia de los partidos de derecha radical. El argentino Javier Milei, referente neoliberal de Vox, admitió el martes los malos datos del país antes de pedir otros mil millones de euros al Fondo Monetario Internacional para «consolidar su estabilidad».
El asunto más peliagudo para Abascal en los últimos siete días, sin embargo, ha sido el enfrentamiento entre Donald Trump y Giorgia Meloni, a cuenta de la falta de apoyo de la dirigente italiana a la guerra de Irán y Líbano, emprendida por el presidente norteamericano y por el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
A regañadientes y cuidándose de «dar titulares», como él mismo avisó el jueves, Abascal ha acabado mostrando un apoyo tibio, pero apoyo al fin y al cabo, a Meloni frente a Trump. «Todos defendemos los intereses de nuestros países», afirmó el líder de Vox, pero justo después defendió a la mandataria italiana. «Es una mujer valiente, una gran patriota, y a los aliados no hay que atacarlos», señalo, en una referencia velada a Trump, aunque sin criticarlo abiertamente. «A los aliados no se les ataca aunque alguno no comparta las posiciones geopolíticas o internacionales de otro», insistió Abascal.
La portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, fue un poco más allá que su jefe y tildó de «poco comprensibles» las críticas de Trump contra Meloni y también contra el papa León XIV. Hasta ahora, Vox había sido el partido europeo más afín a Trump. Pero en el partido insisten en que las polémicas internacionales no les interesan demasiado porque están centrados «en España».

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