
A nada que te metas un rato en redes sociales, seguro que te ha saltado algún vídeo en el que una chica se masajea la … cara con una especie de brocha con forma de media luna. Lo hace directamente sobre la piel, sin ningún tipo de producto que facilite unos movimientos que parecen perfectamente estudiados. Cepillo para arriba, para abajo, hacia la sien, por las mejillas, hacia el cuello, en círculos… Las creadoras de contenido que se han apuntado a esta nueva moda ‘beauty’ –que son unas cuantas, por cierto– cuentan que lo hacen para desinflamar y afinar el rostro. Que les sienta fenomenal y que se lo recomiendan a todo el mundo que quiera lucir una cara más tersa y luminosa en un tiempo récord.
Los cepillos faciales de drenaje linfático, esa especie de brocha milagrosa que promocionan las influencers, han entrado en las rutinas cosméticas por la puerta grande y muchas expertas en belleza ya las consideran el posible relevo del gua sha, las piedras planas y con bordes ondulados que se usaban hasta ahora para este tipo de masajes faciales tan de moda. El problema con esta nueva herramienta es el de siempre. ¿Estamos ante otra campaña de marketing para crearnos una nueva necesidad o realmente funciona?
Pues la verdad es que ni la expertas se ponen del todo de acuerdo. Los cepillos faciales drenantes están diseñados para estimular la piel suavemente mediante el roce con las cerdas especiales de la brocha. Se supone que ese estímulo bien hecho activa la circulación, reduce la retención de líquidos y favorece la desinflamación de la cara, pero esto es solo la teoría. La realidad es que la mayoría de las personas que utilizan estas herramientas no dominan la técnica del drenaje linfático y termina siendo peor el remedio que la enfermedad.
¿Esculpir el rostro?
La presión sobre la piel del rostro debe ser mínima, con gestos cortos y repetidos. El objetivo de este procedimiento es «acompañar la circulación natural de los líquidos», no hundir el cepillo en las mejillas y arrastrarlo por toda la cara con movimientos aleatorios como se puede ver en muchos de los vídeos publicados en redes. Las expertas en belleza insisten en que se trata de una técnica muy concreta que debe hacerse en cabina y por manos profesionales, sobre todo en pieles sensibles.
La farmacéutica y divulgadora Helena Rodero va un paso más allá y cuestiona directamente los supuestos beneficios de estos cepillos drenantes para esculpir el rostro. «Ves los vídeos y el resultado después de usar las brochas parece fantástico, pero ¿a costa de qué?», se pregunta esta experta en el cuidado del cabello y la piel.
«Lo único que vamos a conseguir arrastrando el cepillo por la cara a las bravas es deformar la piel. El efecto flash que muestran las imágenes que se suben a redes sociales es muy llamativo, pero dura dos minutos, el tiempo justo para grabar el vídeo y hacer la foto. Después, la piel se vuelve a caer», advierte Helena Rodero. Por no hablar de que este tipo de técnicas mal resueltas –insiste la especialista– desencadenan problemas de flacidez en la cara con mayor rapidez.
¿Con qué frecuencia?
Otro de los inconvenientes que destacan las especialistas de estas brochas es la cantidad de bacterias que se acumulan en las cerdas del cepillo. ¿Consecuencia? Infecciones y alteración de la barrera cutánea que pueden causar irritaciones y brotes de acné. La calidad del cepillo también afecta al resultado final. De hecho, puedes encontrar este tipo de herramientas para drenaje linfático por menos de un euro cada una en plataformas chinas de venta online, mientras que las profesionales pueden alcanzar los 50 euros.
Independientemente del tipo de brocha, no se recomienda abusar del drenaje facial en ningún caso. Las expertas aconsejan pasarse el cepillo tres veces a la semana como mucho. Siempre de manera muy suave y apenas unos pocos minutos. Cuando se ejerce demasiada presión sobre el rostro, la piel de la cara se irrita y puede resultar contraproducente. Tampoco se puede hacer un drenaje linfático facial a personas con enfermedades como linfedema, infecciones en la piel, heridas, psoriasis, dermatitis atópica, fiebre, cáncer…
Ayunos cosméticos para la piel
«¡Ya está aquí, ya llegó, es la cosmética ‘detox’!», bromea la dermatóloga Ana Molina, autora del libro ‘Piel sana, piel bonita’. La especialista se refiere a una corriente que circula cada cierto tiempo por las redes sociales en la que se recomienda hacer ayunos cosméticos cada cierto tiempo. En otras palabras, ir con la cara lavada durante varios días para dejar respirar a la piel. Pues bien, «la piel no respira ni se asfixia. Recibe sus nutrientes a través de los vasos sanguíneos y ya se le pueden poner encima montañas de vaselina o manteca que seguirá a lo suyo, porque ya tiene al pulmón para suministrarle oxígeno y al hígado y los riñones para eliminar lo que no necesita. A la piel hay que darle lo que necesita en cada momento».

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