Pepa y Reme, el vínculo que surgió de la necesidad entre una murciana y su trabajadora social

Pepa y Reme, el vínculo que surgió de la necesidad entre una murciana y su trabajadora social

Lunes, 20 de abril 2026, 01:02

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Nada más entrar al despacho del Centro Puertas de Castilla de Murcia, donde la esperaba la trabajadora social Reme Mundo hace ya casi cuatro años, Pepa Quílez sintió estar frente a alguien en quien confiar. Tenía mucho que contarle. Recién divorciada, sin casa, sin un trabajo estable, con 59 años y las secuelas que la polio que sufrió de niña le dejó en un pie, se disponía a empezar de cero, aunque no sabía cómo. Llegó al borde de la asfixia económica y derruida en lo emocional. «Venía de Guadalupe, donde había estado viviendo 23 años, y tenía una situación muy complicada, pero prefería no tener dinero, comer un plato de sopa y estar tranquila en mi casa que vivir con la persona que vivía», afirma haciendo un largo silencio.

El primer cara a cara con Reme se produjo, si la memoria no le falla, en junio de 2021. Aunque por cómo habla de aquellos días, no parece que pueda equivocarse.

Para poder sufragar la mitad de la hipoteca de la casa tras el divorcio y hacerse cargo de la mitad de los gastos y la comida, se lanzó a cubrir huecos en una empresa de limpieza donde, más tarde, le hicieron un contrato de un año que le costó la salud. «Me levantaba a las 4 de la mañana, me iba a limpiar una clínica, después una farmacia, luego otra clínica. Llegaba a las 11 de la noche, con el problema que yo tengo en la pierna… Pero cuando se cumplió el contrato, no me renovaron porque no había suficiente trabajo. Como el juez me había dicho que podía estar en la casa cinco años, pensé en venderla».

En la calle y sin nada

Puso entonces un anuncio pensando que era mejor anticiparse y mover el asunto con tiempo. Solo 15 días después, la casa se vendió. La operación se cerró el 23 de febrero. «Nos dieron el dinero de las arras y, solo un mes después, antes de firmar, murió mi marido de un infarto. El comprador tenía miedo de que me echara atrás y no quiso negociar que pudiera quedarme más». En mayo ya estaba en la calle.

Con su parte de la venta, el 50%, canceló la hipoteca que quedaba. Y empezó a buscar un alquiler con urgencia. Se metió en un estudio con un sofá cama en el barrio murciano de El Ranero. «Cobraba unos 580 euros, y pagaba 425 de alquiler», dice con una sonrisa amarga.

El profesional que acompaña a personas vulnerables es clave en la Atención Primaria de la Región, que tiene 380

Estas y otras muchas cosas que no rememorará delante del periodista fueron las que le contó a la trabajadora social en sus primeros encuentros, donde se sintió especialmente cómoda. «Hay cosas más importantes que gestionar una ayuda; hay una parte humana. Cuando vas a un sitio desconocido viniendo de algo traumático, encontrar a una persona que se implica, a la que puedes hablar de cosas personales, que tiene empatía, es muy importante. Ella se puso en mis zapatos desde el primer momento», asegura. «A Reme le tengo mucho cariño, para mí es especial», dice mientras la profesional, sentada a su lado, estira el brazo para cogerla de la mano.

El trabajador social es el eslabón clave en el contacto entre la Administración y las personas vulnerables, y el hilo conductor en procesos complejos y muchas veces largos y agotadores.

Estos profesionales representan el 60% de la plantilla de los Servicios Sociales en la Región. En la Consejería de Política Social y el Instituto Murciano de Acción Social trabajan 167 de ellos en tareas de diseño, coordinación y apoyo. Mientras que en Atención Primaria, la cifra asciende a 380 financiados por la Comunidad y los ayuntamientos, de los que cerca de un centenar desarrollan su labor en Murcia.

El contacto sostenido

La Ley de Servicios Sociales marca la asignación de uno de estos profesionales como persona de referencia para cada usuario que accede al sistema, con la finalidad de asegurar una atención integral e intentar que encuentren la respuesta y la ayuda que requieren para salir adelante. Estos se responsabilizan de su historia social, manteniendo una relación a largo plazo que muchas veces acaba creando un vínculo que va más allá de la necesidad del que nace.

Cuatro años después, Pepa y Reme acumulan muchas conversaciones, muchas horas, muchas visitas, crisis, avances y retrocesos.

El contacto sostenido es, además, una herramienta que facilita identificar necesidades que no aparecen en una atención puntual. «Mucha gente te comenta una situación y cuando la vas conociendo te das cuenta de que la demanda que hace no se corresponde con la situación real, ni con lo que realmente necesita esa persona», cuenta Reme, que pasó 20 años de su vida en el despacho en que conoció a Pepa. «Solo cuando vas haciendo indagaciones y tomando ese contacto y consolidando esa relación, te das cuenta. Eso también pasa mucho en los casos en que las educadoras trabajan con el tema de familia y niños, niñas y adolescentes».

En el caso de Pepa, algunas de las ayudas que ha necesitado no sabía ni que existían. Una ciática aguda, consecuencia de su inestabilidad al andar por la polio, la dejó postrada y teniendo que recurrir a una silla de escritorio con ruedas para moverse. «Reme vino a mi casa y, al verme así, me dijo que iba a gestionar la teleasistencia, el famoso ‘botón rojo’, y la comida a domicilio. Solo tengo palabras de agradecimiento, porque en ese momento estaba muy mal».

Cuatro años después, Pepa asegura haber superado aquel bache y encarar el futuro de otra forma. «Ella me ha ayudado muchísimo, y es tanto tiempo que se crea un vínculo. No sabes qué hacer y te encuentras a una persona que te escucha, que te ayuda. Yo tuve mucha suerte».

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