Nervios, claveles blancos y rojos, un público variado y de edades diferentes y un teatro a reventar. El Teatro Eslava de Madrid reclamaba con pitidos … y a voces la salida de Carmen Avilés (Puerto Lumbreras, 1993), que estrenó este jueves ‘Carmela’, su primer espectáculo, en el que caben baile, moda y música por igual, y muchos artistas. El show estuvo cargado de emociones. Es alegre y animado, bailable, disruptivo, transmisor de poderío y de energía. Posee elementos muy potentes y, aunque el resultado es a ratos desigual, no nos queda otra que vitorear a la bailaora y a su equipo por sacar adelante su —recordemos— primer show.
Carmen Avilés se formó en baile flamenco en la Escuela Amor de Dios de Madrid y en el Conservatorio de Danza de Granada. Su pueblo la quiere como a una auténtica superestrella —fue nombrada Lumbrerense del Año en 2023 y pregonera de las fiestas en 2024—, hasta el punto de que el Ayuntamiento de Puerto Lumbreras fletó el jueves un autobús para traer a amigos y vecinos a Madrid, cuya presencia no pasó inadvertida entre vítores, jaleos, muestras de cariño, camisetas con el merchandising de Carmen y hasta una pancarta del espectáculo que colgaron de la primera planta.
En cualquier escuela flamenca hay dos clases de alumnos: los que se visten tradicionales, con faldas y pañuelos, y los que optan por el chándal y los tacones, como cantaría Martirio. Esta prenda tan en boga hoy es cómoda (al final vas allí a sudar y a aprender), pero también puede ser elegante. Tan reivindicada desde hace años por tribus urbanas como el trap dio hace tiempo el salto a la alta costura.
( Álex Resfeber)
El chándal reinó en ‘Carmela’ y es ya un emblema de Carmen Avilés. Los seis looks del espectáculo, diseñados por ella y por su equipo, fueron un punto fuerte. Comenzó con un pantalón bermuda negro de Adidas, de cuyas rodillas le brotaban volantes negros, una prenda lograda e interesante. Siguió con una falda negra chandalera con la que, cuando daba vueltas, giraba como un derviche. También salió vestida de negro y con pantalón, con pañuelo de lunares y zapatos blancos, un traje tradicional y más masculino, elegancia asegurada. Sus compañeras llevaban conjuntos de chándal completos, y pantalones de cuero con chaquetas de motorista en una estética trabajada, urbana y rockera.
Uno de los mejores momentos de la noche fue cuando las bailaoras dispuestas en círculo salieron a bailar una a una, mientras el resto palmeaba y cantaba letras de la infancia por bulerías
‘Carmela’ contó con la guitarra española de Martín de Marchena, el bajo de Manolo Nieto, la batería de Rafa García, el teclado de Fernando Rodríguez y la mesa de mezclas con sonidos electrónicos. Cantaron Alejandro Astola, pareja de Carmen, excomponente de Fondo Flamenco y compositor de las canciones del disco que acompaña el show; Albertucho, Juano de la Juana y Sonia Molina. Al baile, además de al cante en momentos en los que coreaban, estuvieron Carmela Riquini, Alegría de Castro, Kassandra Morales y Salud Pérez Alcántara.
Sobre el escenario, se situaron tres grandes cubos que enmarcaban a los artistas. El uso del cubo para el baile fue interesante, ya que delimitaba el espacio dancístico, pero los otros dos situados donde los músicos no tenían apenas función más allá de enmarcarlos. Uno de los mejores momentos de la noche fue cuando las bailaoras dispuestas en círculo salieron a bailar una a una, mientras el resto palmeaba y cantaba letras de la infancia por bulerías como ‘Tengo una muñeca vestida de azul’, ‘Antón Pirulero’ o ‘Vamos a contar mentiras tralará’.
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(Álex Resfeber)
También las bailaoras le bailaron al bajo —en vez de a la guitarra española— en una imagen vanguardista. En conjunto transmitían fuerza y agarre, acompañadas por buenos músicos, aunque se echó de menos momentos de menos apogeo musical y más silencio. Fue iluminador y simbólico el baile de Carmen Beltrán, artista invitada que se hizo sus pataítas por bulerías vestida con un chándal rojo de dos piezas con un mandil típico gitano, mientras agarraba una canasta de claveles en una reivindicación de lo canastero.
En la noche de su estreno, Carmen Avilés no pudo evitar decir unas palabras. Visiblemente emocionada, la bailaora se declaró nerviosa («¡Estoy hecha un flan!»), contenta y orgullosa. Fue bonito escucharla decir cómo durante su primer año en Amor de Dios en Madrid trabajó de relaciones públicas en la discoteca Joy Eslava, cuyas fiestas se celebran en el teatro donde esa noche años después ella estaba estrenando su espectáculo. Y es que sin duda Carmen Avilés tiene talento y agarre, y aún le queda mucho por rodar.

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Enlace de origen : Inolvidable fiesta en chándal de la bailora lumbrerense Carmen Avilés en el Teatro Eslava de Madrid