
Messi ponía el talento y él los goles. Esta es la frase que más se repite cuando investigas sobre el paso de Diong Mendy (Santacuroto, … Senegal, 37 años) por La Masía. «Yo a nivel futbolístico no tenía nada que envidiar a nadie, quizás la diferencia fueron detalles a nivel personal, familiar o de implicarme un poco más», reflexiona un Mendy que ahora vive su día a día rodeado de sacos de boxeo en un humilde gimnasio ubicado en Roldán, Torre Pacheco, con su apellido tatuado en las paredes y que lidera el letrero que se sobrepone sobre la puerta: Gym Mendy Revolution. Su apellido también permanece en las de aquella residencia donde parecía nacer otra estrella.
Mendy llegó con 12 años a España, directo a Roldán. Allí, a escasos metros de campos fértiles, se estaba sembrando uno de los mayores nombres que recuerda la cantera blaugrana. «La oportunidad fue gracias a mi pueblo, a Roldán; estuve jugando allí y tuve la suerte de ser seleccionado con la selección murciana en el 2000 para el Campeonato de España en Las Rozas». En este torneo quedaron subcampeones de España tras perder en la final contra Cataluña. Pero lo que el joven Mendy no sabía es que esa derrota le iba a abrir un camino inolvidable. «Allí había varios ojeadores y uno de ellos, Rodolfo Borrell, que ahora está en Estados Unidos, se fijó en mí», recuerda.
No se lo pensó y aterrizó en La Masía para unirse al equipo infantil B y, cuando se adaptó a la convivencia en la fábrica de talento barcelonista, llegó el que iba a ser su compañero de fatigas y de exhibiciones en Sant Joan Despí: «Nada más llegar yo, a los dos o tres meses, vino Lionel, ‘el chiqutín’». Ese fue el primer del que muchos consideran el mejor futbolista de la historia.
Mendy recuerda al argentino como «un chiquillo muy títmido, muy tranquilo y muy pequeño». Su amistad funcionó como un imán que se pegó siendo totalmente opuestos porque el pachequero se define como «un tío que me gustaban las bromas y él era todo lo contrario. Soy una persona que me gusta estar muy cerca del que llega nuevo, que se sienta cómodo y a gusto». Y eso ayudó.
Una conexión extraordinaria
Con 12 años y en un entorno nuevo, después de aterrizar desde otro país, la supervivencia de uno y otro lo hace todo más fácil. «Como éramos los dos extranjeros, tuve la oportunidad de tener más conexión con él». Esa unión fue más allá. En el campo, la dupla de Messi y Mendy era letal, pero en clase tampoco se quedaban atrás. «El que más la liaba era Leo, era un ‘cabroncete’, pero como era más tranquilo, eso no se notaba; yo era el que menos la liaba, pero cuando la hacía, la montaba gorda porque tenía mucho carácter», recuerda entre risas.
Su personalidad goleadora en el verde le sirvió para que lo comparasen con Ronaldo el ‘Fenómeno’, su ídolo, y «cuando estábamos muchas veces en el Camp Nou sacaban una jugada mía y la de Ronaldo, y en Barça TV, también».
Sin embargo, marcar 97 goles en un curso con el equipo infantil y ser campeón de Liga con el juvenil B siendo el máximo goleador no le fue suficiente para llegar como consecuencia de una ambición que le llegó tarde. «Yo tenía ganas de jugar; me gustaba la pelota, tampoco tenía esa ambición (…)se valora cuando estás fuera de ahí; es cuando dices ‘vaya, a lo mejor tanto yo como los que estuvimos allí, si hubiese dado un poquillo más, lo tendía muchísimo más fácil», afirma.
El número
97
goles
marcó en una temporadacon el equipo infantil del Barça junto a Leo Messi
Su salida de La Masía fue «precipitada porque no supe valorar lo que tenía» como consecuencia del fallecimiento de su «voz de autoridad», su padre, cuando Mendy tenía 17 años. «Él me decía que esto va a ir así, así y… de escuchar esa voz siempre, a no escucharla, te hace relajarte y te va mermando; yo estaba cien por cien seguro que, si tuviese a mi padre, hubiese jugado al fútbol». Sin embargo, esa autoridad la ganó su padrino, Cayetano Martos, al que le «faltan palabras para describirlo». Aún recuerda aquel último día en la residencia con detalle; «ese día se hizo paella, y niguno fue capaz de comer, todo el mundo llorando a lágrimas. Cuando se enteraron los Bojan, Iago Falqué, gente que está en Primera, dejaron de comer. Fue un día difícil en la residencia», evoca.
La salvación
Echando la vista atras, Mendy confiesa que de lo único que se arrepiente es de «no haber aprovechado la oportunidad». Él es consciente del nivel que tenía porque la repercusión no es fruto de la casualidad: «al nivel de Messi un ser humano no puede estar, pero, si hubiese cumplido, podría estar jugando al fútbol». Cuando salió de Barcelona, pasó por el Albacete y lo intentó en las filas del juvenil del Real Murcia y, luego, con el Imperial llegó a debutar en un partido amistoso con Lucas Alcaraz, el año que ascendió:«Contó mucho conmigo pero no sé qué pasó con la directiva que no me dieron tanta bola». Tras probar en la cantera del Elche, en Segunda B con el Águilas, e incluso en Armenia, acabó divagando por la Tercera murciana hasta que murió su esperanza: «Vuelves aquí haciendo buenas temporadas, no ves la oportunidad y llegas un momento que te cansas».
Ahor, es entrenador de boxeo en su gimansio en Torre Pacheco y formó al luchador de MMA, Salah Eddine, cuando tenía 13 años. Hoy día sigue centrado en formar a los jóvenes «como personas» y en el boxeo, que fue «una forma de escaparme de las calles y olvidar los problemas porque la gente no ha entendido mi situación y tengo que sonreírle a mucha gente pero lo que llevo dentro, lo llevo yo; no sabes lo que es estar por ahí y ver gente que diga mira a este que estaba jugando con Messi y mira dónde está. Todo eso me lo guardaba y, para evitar pelearme con la gente, yo me iba al gimnasio». A día de hoy aquella estrella de La Masía se niega volver a jugar al fútbol para seguir con su gimnasio.

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Enlace de origen : Diong Mendy, el socio de Messi refugiado en el boxeo