
El pasado mes de junio, Telefónica colgaba el cartel de «se vende» al primer rascacielos de Europa. Situado en el número 28 de la Gran … Vía madrileña, el Edificio Telefónica buscaba nuevo dueño, una vez que su actual propietario —la teleco dirigida por Marc Murtra— pretendía llenar su caja con millones de euros. Ahora, el mítico edificio pasa a manos del cartagenero Tomás Olivo a cambio de 200 millones de euros.
Un montante que se queda por debajo de lo previsto por la compañía —preveía ingresar cerca de 300 millones—, pero que se suma a la larga lista de desinversiones de activos no estratégicos marcada por el directivo catalán de origen británico y que suma ya 1.000 millones, lo que le ha permitido reducir el endeudamiento financiero y obtener liquidez para afrontar nuevas inversiones estratégicas.
Con este movimiento inmobiliario, las 13 plantas del emblemático inmueble madrileño, que ahora alberga el Espacio Fundación Telefónica y una tienda en su planta baja, pasan a manos del empresario —la sexta mayor fortuna de España, según Forbes, con un patrimonio cercano a los 4.600 millones de euros—, que las destinará, previsiblemente, al comercio.
Olivo ha construido su fortuna en torno a la explotación de parques y centros comerciales. En la actualidad explota, a través de General de Galerías Comerciales (GGC), un total de catorce parques dedicados al retail. Además, según los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), es el tercer máximo accionista de Unicaja.
Con su oferta, este empresario cartagenero se ha impuesto a otras candidaturas, como las del fondo Bain Capital, Rafael Serrano, Ardid o los grupos Generali y Drago.
Un edificio singular
El inmueble, diseñado por Ignacio Cárdenas Pastor en las primeras décadas del siglo XX, fue concebido «para halagar al posible comprador de acciones». Un siglo después, su singularidad no ha terminado de convencer a los compradores. Al calor del boom inmobiliario y de los precios desorbitados en la capital madrileña, muchos fondos se replegaron en su intento de pujar por el edificio protagonista de películas y novelas.
Bajo el Nivel de Protección 1 en Grado Singular —la mayor distinción según el Catálogo de Edificios Protegidos de Madrid—, la normativa obliga al propietario a conservar íntegramente las características arquitectónicas, constructivas, los volúmenes, las formas y los elementos decorativos originales del rascacielos.
Además, un acuerdo de 2003 entre el entonces presidente de Telefónica, César Alierta, y el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, establece que ese número 28 de la Gran Vía es una parcela que mantiene una división de infraestructuras y equipamiento cultural. Las restricciones urbanísticas impuestas por el Ayuntamiento impiden transformar la superficie en un hotel de lujo o en una gran superficie comercial. Unas limitaciones que ahuyentaron a muchos compradores y que han rebajado la cifra final a 200 millones.
Telefónica cierra así una etapa en el centro de Madrid, aunque el nombre con el que lo bautizó Arturo Barea —«la Telefónica»— seguirá formando parte del vocabulario de la ciudad, aunque haya pasado a otras manos.

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Enlace de origen : El cartagenero Tomás Olivo compra la histórica sede de Telefónica en Gran Vía por 200 millones