La primera vez que viajé en avión fue a Agrigento para participar en un festival de teatro tras haber ganado un concurso sobre Luigi Pirandello, … el escritor que lo revolucionó todo con ‘Seis personajes en busca de autor’ (1921). Recuerdo perfectamente ese viaje, porque fue el primero de una larga serie, porque vomité al aterrizar y porque hacía un extraño calor en Sicilia cuando en Avezzano ya era pleno invierno (era la primera semana de diciembre). Y luego recuerdo el mar, ese que se divisa cuando uno se va acercando a Punta Raisi, el aeropuerto de Palermo. Ese mar tenía algo especial: la luz, el movimiento de las olas, el brillo, algo que no sabía traducir en palabras por aquel entonces. Durante esa estancia, pudimos visitar Caos (‘nomen omen’), el pequeño pueblo donde nació Pirandello, unas pocas casas ubicadas en el borde del abismo, con una vista espectacular hacia el Mar Mediterráneo.
La lectura de la última novela de Valeria Luiselli me ha permitido volver a esos días de teatro, descubrimiento y placer. Una madre y una hija viajan a Catania tras el divorcio (difícil) de la primera y el pleno desarrollo (físico y mental) de la segunda. ‘Principio, medio, fin’ (Barcelona, Feltrinelli, 2026) empieza con tono bíblico: «En el principio eran una madre y una hija» (p. 15). Ya no el Verbo, ya no la Palabra, ya no Dios ni Adán ni Eva, sino dos mujeres con dos diferentes edades y perspectivas ante la vida que tienen que resolver una cuestión de corte existencial y muy propia de alguien que se dedica a la escritura: «¿cómo lo reinvento todo: nuestra historia, nuestras vidas cotidianas, nuestra forma de estar en el mundo?» (p. 15). Si lo pensamos bien, estas preguntas tienen un enfoque aristotélico: en su ‘Poética’ el Estagirita se pregunta sobre cómo funciona la trama (mythos, en griego) dentro de un poema épico, una tragedia o una comedia. La trama es esencial para reinventar nuestra historia, pero también para darles orden a nuestras vidas cotidianas y quizás también para poder entender un poco cuál es nuestra forma de estar en el mundo. ‘Principio, medio, fin’ es un viaje hacia el meollo de la pregunta aristotélica (¿qué es una trama?, ¿cómo funciona una narración?) y, al mismo tiempo, un viaje en el tiempo, hacia el pasado familiar de la narradora, que parece coincidir con la autora en carne y hueso, Valeria Luiselli, y de su hija, una niña de doce años que ya no es tan niña y que sabe perfectamente a qué se dedica su madre cuando abre el ordenador (inventar historias, reinventar también fragmentos de sus vidas).
Los hilos de la narración
Según Aristóteles se pueden empezar a narrar los hechos ‘ab ovo’ (desde el principio y siguiendo el orden lineal de la flecha temporal) o ‘in medias res’ (cuando todo ya ha pasado y cualquier fragmento vale para reanudar los hilos de la narración, sin respeto alguno de Cronos). La Odisea empieza in medias res. Y la novela de Luiselli también: el divorcio ya pasó; el futuro es incierto; hace falta asentarse para volver a empezar una nueva vida desde el principio, sin la figura paterna, sin el hermanastro que ha acompañado a la niña hasta aquí. Tras un periplo entre Austria, Suiza, Alemania y Holanda, la escritora decide viajar a la isla italiana, porque de ahí viene la Nanna, su abuela, la madre de su madre. Además, ahí está Villa Casale, un lugar en el que la Nanna trabajó como «tombarola», rescatando fragmentos de mosaicos antiguos en la que pudo ser la necrópolis de Philosophiana (¿nomen omen?), un antiguo pueblo que los romanos pudieron haber convertido en statio, esto es, en lugar de descanso (con termas incluidas) en el trayecto que une Catania a Agrigento.
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Principio, medio, fin

Valeria Luiselli
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Género:
novela. -
Editorial:
Feltrinelli. -
Páginas:
360.
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El mosaico que la Nanna le lega a su hija y que esta le entrega a la suya (en un lazo intergeneracional que supera las barreras espaciotemporales) es el de Proteo, el dios de las metamorfosis, capaz de predecir el futuro, el que, según la hija de la narradora, «se convierte en pez espada, en cámara, en tempestad, en medusa, en burro, en cepillo de dientes, en barco, en libro». Objetivo de la joven es devolver el mosaico protético al lugar de donde se lo llevó la Nanna: le da miedo que no solo pueda predecir el futuro, sino que acarree mala suerte. La madre secunda el proyecto novelesco de su hija y empieza a escribir sobre Catania, sobre el Etna, sobre los incendios que empiezan a asolar la isla italiana, sobre Vito (antiguo amigo de su madre) y su barco enclenque, sobre un misterioso «hombre del telescopio», que utiliza su herramienta para contemplar la Luna, sobre todo lo que fluye en su día a día y que no siempre es posible atrapar a través de la escritura.
Sin rumbo
Dividido en cuatro partes que son los nombres de los cuatro vientos principales que determinan nuestra navegación por el mar de la vida (Levante, Ponente, Scirocco y Maestrale, citados en italiano en el texto original), Valeria Luiselli va elaborando un viaje sin rumbo en el que nos preguntaremos si de verdad nos es posible volver al pasado, y entenderlo, o adelantar el futuro, y saber reconocerlo. La lectura, en este periplo, es parte fundamental de la elaboración de la escritura, porque la hija lee, y mucho, sobre la mitología griega: Hesíodo y su ‘Teogonía’; Plinio el Viejo y su ‘Historia Natural’; Homero y su ‘Odisea’; Virgilio y su ‘Eneida’; Esquilo y ‘Las troyanas’, serán los compañeros de viaje, las ausencias presentes de esta búsqueda de Philosophiana, lugar simbólico y espacio real donde confluyen la ternura, la risa y el llanto (se puede llorar de felicidad, como demostrará la narradora al toparse con unos burros en el medio de la campiña siciliana), la angustia y el asombro de dos seres humanos que se preguntan qué hacer y qué rumbo tomar.
‘Principio, medio, fin’ nos permite entender (incluso visualmente, a través de las fotos que la niña saca con su cámara polaroid) cómo sonríe el mar, por qué los volcanes dan miedo, cómo puede nevar ceniza y el fuego alimentarse de sí mismo sin pausa, cómo la ficción puede ser realmente «un recuerdo del futuro» y por qué imaginación y memoria (la una mirando hacia adelante, la otra hacia atrás) son realmente el lugar en el que se encuentra la ficción. Una ficción que nos atrapa, nos asombra y nos transmite ternura en cada párrafo y en cada línea, en ese constante dialogar y divagar de una madre y una hija que de forma paulatina empiezan a conocerse mejor, a entablar confianza, a recobrar fuerzas tras la tormenta o los ataques de Medusa.

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