La pasión inagotable de Raphael

La pasión inagotable de Raphael

Alberto Frutos


Antes de empezar, con vuestro permiso, voy a contar una breve historia. En 2017, mientras organizaba una nueva entrega de GPS, tenía dos opciones con las que abrir el suplemento. Por un lado, un joven artista, de cuyo nombre no quiero acordarme, que, en poco tiempo, había logrado un espectacular éxito a nivel internacional. Por otro lado, Raphael, leyenda viva de nuestra música. Ambos llegaban a la Región con las entradas agotadas para sus respectivos conciertos, pero, tras lanzar las correspondientes propuestas de entrevista, recibí dos respuestas completamente distintas. Desde el equipo del primero, con mucha educación, eso sí, se me trasladó una negativa basada en que, al no quedar asientos disponibles para el espectáculo, no se atendería a ningún medio. Por otro lado, a través de la oficina de Raphael se me pidió fecha y hora para llevar a cabo la charla. Mi sorpresa fue absoluta y genuina. Jamás pensé que, entre un recién llegado al que le quedaba (queda) todo por demostrar y un titán de las dimensiones del artista de Linares, incalculables en términos de triunfos y legado, fuese este último quien mostrase su mejor predisposición. Y la conversación, por no dejar ningún cabo suelto del argumento, fue una gozada. Sin tiempo límite, restricciones ni vetos, simplemente un profesional en mayúsculas haciendo lo que ha hecho mil veces: responder a preguntas sobre su pasado, presente y futuro, como si fuese la primera vez que lo hace.

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