
La dieta mediterránea es altamente beneficiosa por el gran aporte de verduras a la alimentación del día a día. Sin embargo, la realidad es que … la dieta actual del sur de España dista mucho de la beneficiosa dieta mediterránea, y los últimos estudios reflejan una caída del consumo de verduras, legumbres y pescados, dejando su lugar a las carnes y los alimentos ultraprocesados.
Poner en valor las verduras y hortalizas de nuestra tierra, e incorporarlas a nuestra alimentación puede hacer mucho por nuestra salud. Una de estas verduras menospreciadas es el nabo, un tubérculo que destaca por su bajo aporte calórico y su extraordinaria capacidad para ayudar al organismo en sus procesos de eliminación de toxinas.
Múltiples beneficios
Aunque el nabo es un ingrediente habitual de purés, cremas o guiso, suele estar relegado por las patatas o las zanahorias, mucho más populares y con un sabor más agradable. Pero el nabo puede convertirse en el gran aliado para las dietas de pérdida de peso, ya que tiene un bajo índice glucémico y apenas aporta hidratos de carbono. Además, se compone en más de un 90% de agua, por lo que es ideal para mantener la hidratación y combatir la retención de líquidos.
Otro de sus componentes principales es el potasio, un mineral esencial para el buen funcionamiento del sistema nervioso. Junto al sodio, genera las señales eléctricas que controlan la contracción muscular, el ritmo cardiaco y el equilibrio hídrico celular. Además, el nabo es rico en yodo, esencial para el buen funcionamiento de la glándula tiroides.
El nabo forma parte de la familia de las crucíferas, como la col o el brocoli, por lo que tiene compuestos azufrados que ayudan a prevenir enfermedades degenerativas y refuerzan el sistema inmune. Además, es rico en fibra, actuando como prebiótico y mejorando, por tanto, la salud de la microbiota intestinal y el bienestar general.
Mucho más que un ingrediente para el puré
Pensar en el nabo es pensar en cremas, guisos y purés. Sin embargo, este tubérculo puede incorporarse a nuestra dieta de múltiples maneras. Como cualquier verdura, es posible consumirla en crudo: por ejemplo, puedes cortarla en láminas finas y presentarla como si fuera un ‘carpaccio’ junto a un chorro de aceite de oliva, para aprovechar al máximo su aporte de vitamina C.
También puedes optar por cocinarlo al horno. Si lo partes como si fuera una patata frita, y lo horneas con especias (o lo pasas por la freidora de aire), tendrás como resultado una guarnición con un sabor dulce y una textura muy similar a la patata, pero mucho más ligera en cuanto a calorías.
Del nabo no solo se puede aprovechar la raíz: sus hojas son incluso más nutritivas, pudiendo utilizarse en guisos o sopas, pero también en revueltos o como guarnición después de escaldarlas brevemente.

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Enlace de origen : El nabo, una raíz beneficiosa