El balón ha echado a rodar, pero no en el verde del estadio, sino en la Ciudad de la Justicia de Valencia, a la que … ha llegado el futbolista Rafa Mir a las 9.30 horas de la mañana para ser enjuiciado, junto a su amigo Pablo Jara, por las agresiones sexuales a dos jóvenes en el chalet de la exclusiva urbanización Torre en Conill de Bétera la mañana del 1 de septiembre de 2024. El delantero del Elche C. F., cuya cesión por el Sevilla F. C. está muy pendiente del devenir de este juicio, ha llegado sonriente, acompañado de su letrado, Jaime Campaner, bajo gran expectación mediática.
Rodeado de multitud de periodistas y medios gráficos, Mir ha entrado en las dependencias judiciales sin hacer declaraciones. Según ha podido saber este periódico, el futbolista ha pedido declarar al finalizar el juicio para defender su inocencia y se muestra reacio a llegar a un acuerdo de conformidad que le sería muy beneficioso -con las pruebas que hay contra él- al permitirle eludir su entrada en prisión.
El juicio ha comenzado con la declaración de la joven víctima de la agresión sexual a Rafa Mir, quien declara detrás de parabán para proteger su intimidad como es habitual. Asimismo, la Fiscalía como especial protección hacia las víctima ha planteado en cuestiones previas que no se informe de sus nombres y que sus voces sean distorsionadas en caso de reproducción del testimonio de las mismas.
Rafa Mir, este jueves, en la Ciudad de la Justicia de Valencia.
(EFE)
Persistente en su incriminación
La víctima, que tenía 21 años en el momento de los hechos, ha relatado cómo conoció a los acusados esa misma noche en una conocida discoteca de Valencia. En ese momento asegura que no sabía que Rafa Mir era futbolista. La joven ha contado lo mismo que ha declarado en todo momento, que estuvieron tonteando en el local de ocio y se dieron besos, pero niega que Mir le introdujera los dedos, como así declaró él en fase de instrucción, como si ello le eximiera de los hechos posteriores.
Tras cerrar la discoteca decidieron irse a casa del futbolista para seguir la fiesta. El relato de la víctima es totalmente persistente en lo que ya declaró en su denuncia y posteriormente ante la jueza instructora de Llíria. La chica ha explicado cómo iban sentados en el taxi, que es ahí cuando les dice que es futbolista. Ha contado que Mir empezó a besarse con su amiga y ha explicado que la situación en el taxi le pareció «incómoda» y por eso se bajó y se puso en el asiento del copiloto.
«Estaba llorando, me costaba respirar, le dije que parara y me introdujo los dedos», ha confesado la joven tras relatar al detalle, tal cual hizo en su día, todo lo que ocurrió en la casa del futbolista. Donde fue agredida tanto en la piscina como en el baño, donde la cerró con pestillo.
El futbolista se enfrenta a una petición de pena de diez años y medio de cárcel, concretamente nueve por el delito de agresión sexual agravada con acceso carnal y otros 18 meses de cárcel por el delito de lesiones. Rafa Mir está acusado de agredir sexualmente a una joven de 21 años con la que estuvo inicialmente en actitud cariñosa en una conocida discoteca de Valencia. Tras haber tenido sexo consentido con su amiga, la víctima ya «no quería nada» con el futbolista, como así se lo hizo saber y el propio acusado deslizó en su única declaración hasta la fecha, cuando admitió que instantes antes de introducirle los dedos en la piscina -hecho que él mismo reconoce- la chica estaba «enfadada».
Hay otra presunta segunda agresión sexual, también con acceso carnal, cuando según denuncia la joven, Mir la introduce por la fuerza en el baño, como prueba la lesión que presenta en el brazo, y le vuelve a introducir los dedos sin su consentimiento. El futbolista esgrime que la entró para hablar porque seguía enfadada -según él mismo admitió-, pero ahí también curiosamente se le va el enfado y empiezan a tocarse mutuamente. La versión de la joven dista mucho de esta argumentación ilógica y describe una agresión sexual que solo es interrumpida cuando su amiga desde fuera comienza a recriminarle: «Me parece fatal lo que estás haciendo», «¿por qué te metes aquí con él si me acabo de liar yo con él?». Todo ello sin ser consciente de que estaba siendo presuntamente violada por el futbolista.
El incidente del taxi
Los hechos relatados por la denunciante, y corroborados por los testigos -incluidos los propios acusados-, son totalmente verosímiles. Todos coinciden en que se molestó porque el futbolista, con el que se había estado besando en la discoteca, se pusiera a tontear con su amiga en el taxi privado con el que se marcharon a la casa de Rafa Mir para seguir la fiesta, con ella sentada en medio de los dos. De hecho, tal fue su enfado que pidió al conductor que parara y se pasó al asiento del copiloto.
Este incidente que las defensas esgrimen para sustentar los celos que tratan de utilizar como posible móvil espurio, lo que refrenda es la versión de las denunciantes.
Por su parte, la otra joven, de 25 años, denunció al coacusado por unos tocamientos en la piscina y propinarle un puñetazo en la boca, que le causó una herida sangrante (como Rafa Mir reconoció ante la jueza dejando al pie de los caballos a su amigo). Además Pablo Jara las tiró de malas formas de la casa, semidesnudas, llamándolas «niñatas», y les tiró la ropa por encima de la valla, lo que podría ser constitutivo de un delito contra integridad moral. Para este acusado la Fiscalía solicita tres años de prisión por el delito contra la libertad sexual y por el delito leve de lesiones una multa de 1.350 euros.
Admite que estaba enfadada
Nada más llegar a la casa de Torre en Conill, Rafa Mir mantiene relaciones sexuales consentidas en la lavandería de su chalet con la joven con la que iba tonteando en el Uber. Unos diez minutos después sale a la zona de la piscina y ve a la chica con la que inicialmente había estado besándose en la discoteca -en su declaración judicial Mir incluso manifestó que también le introdujo los dedos en el local de ocio- sentada en una silla enfadada. La tesis que esgrime su defensa es que «con actitud lúdica y ánimo de revertir el estado de ánimo de esta», la coge y la tira a la piscina. Allí se encuentran presentes los dos amigos del futbolista (entre ellos el coacusado) y la otra chica. En este punto las versiones difieren sobre en qué momento está presente la amiga tras volver de tener sexo con el futbolista.
Tras el incidente de la piscina, que para el futbolista fue sexo consentido, la joven quiere marcharse de la casa y va a buscar su teléfono móvil pero no lo encuentra. Con la ayuda de su amiga y una aplicación del Iphone, se da cuenta que se lo ha dejado en la discoteca. Y con el teléfono de su amiga llama a su padre para que vaya a por ella, pero no le cuenta nada de lo ocurrido para no preocuparlo.
La joven, que sigue visiblemente nerviosa, quiere marcharse del chalet y sale a la calle, pero al darse cuenta de que no lleva el bolso, llama al timbre para que le abran de nuevo. Esto también es corroborado por el propio vídeo aportado por la defensa de Rafa Mir.

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Enlace de origen : La víctima de Rafa Mir: «Estaba llorando, me costaba respirar, le dije que parara y me introdujo los dedos»