Hay lugares que resisten incluso cuando las negociaciones se rompen. Cuando el diálogo institucional se atasca en cifras -0,24 frente a 0,43 euros … el metro cuadrado-, otros lenguajes emergen: el de las manos que plantan, limpian y restauran. En la finca Castillo de Chuecos, en Águilas, ese pulso ciudadano ha tomado forma con una convocatoria que es, a la vez, homenaje y advertencia: la Minga por Chuecos.
El próximo 6 de junio, a las ocho de la mañana, vecinos, investigadores y colectivos conservacionistas se darán cita en este singular enclave de casi 500 hectáreas, uno de los espacios privados con mayor biodiversidad de la Región pese a su aridez, para actuar sobre el terreno. No habrá discursos políticos. Es, subrayan los organizadores, una llamada a la acción comunitaria. Un gesto colectivo para evitar que el abandono se instale en un territorio que hoy permanece en un limbo del que dependen los investigadores tras el fracaso de su compra por parte de la Comunidad Autónoma.
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Minga por Chuecos. El legado en acción

Una jornada de trabajo comunitario para restaurar, aprender y encontrarnos. Se arreglará una charca para la biodiversidad, se instalarán cajas nido, se construirá un ‘hide’ fotográfico y se eliminarán especies invasoras. Pero también
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Fecha
Sábado 6 de junio. -
Hora
8.00 horas -
Inscripción previa
En este formulario
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La historia reciente de Chuecos es la de una oportunidad truncada. Durante casi tres años, la Comunidad y los propietarios negociaron la adquisición de la finca, encuadrada en la Red Natura 2000 y considerada una «joya natural» por el propio Ejecutivo regional. El acuerdo parecía cerrado en torno a 2,1 millones de euros. Sin embargo, una nueva tasación técnica fijó el límite de la oferta pública en 1,2 millones. La distancia -económica y política- terminó por dinamitar la operación. Hoy, la propiedad está en venta.
Charca creada por Domingo Jiménez Beltrán en Chuecos (Águilas) para favorecer la biodiversidad y ya naturalizada.
(UMU)
Pero el territorio sigue vivo. Y es esa vida -medible, documentada, observada por las universidades, las organizaciones conservacionistas y los ciudadanos- la que ha apuesta por movilizar a la comunidad científica y social. Desde 2016, universidades como la de Murcia, la Politécnica de Cartagena o la Miguel Hernández de Elche han convertido Chuecos en un laboratorio natural. Los datos hablan: 88 especies de aves, 16 de mamíferos, 14 de reptiles, 4 de anfibios y más de 350 especies vegetales. Un ‘hotspot’ de biodiversidad en un entorno semiárido donde cada punto de agua es un milagro ecológico.
Ahí está una de las claves. En la finca sobreviven tres sistemas hídricos -una antigua mina, una charca artificial y un rezume travertino- cuya relevancia científica ha sido confirmada por años de seguimiento mediante fototrampeo. En ese espacio mínimo, el más pequeño de todos, se produce la mayor interacción de especies: reproducción, competencia, cortejo. Un microcosmos donde la biodiversidad no solo existe, sino que convive.
Esa realidad es por la que aboga la Minga por Chuecos, concebida como un homenaje en acción a Domingo Jiménez Beltrán, pionero europeo en políticas ambientales y alma del proyecto. Su visión -una finca entendida como aula viva, espacio de experimentación y puente entre ciencia y sociedad- es el hilo que conecta pasado y futuro del enclave.
Un paso adelante
«Porque si algo ha demostrado Chuecos en la última década es que la conservación no es un concepto abstracto», apuntan los organizadores. Más de 200 personas han participado en actividades de anillamiento, monitoreo o restauración ecológica. Ciento cincuenta investigadores de 7 promociones del Máster de Áreas Protegidas, Recursos Naturales y Biodiversidad de la UMU han pasado por el lugar. Decenas de ONG. empresas y entidades han colaborado con el ambicioso proyecto: Ayuntamiento de Águilas, Fundación Desarrollo Sostenible, Asociación para la Custodia del Territorio, Ecologistas en Acción, ANSE, Ambiente Europeo, Hermisan, GS España, Soltec,… son solo un ejemplo de quienes llegaron de la mano de Domingo Jiménez. Y ahora, en un momento de incertidumbre, esa comunidad decide dar un paso adelante.
La jornada del día 6 tiene un programa tan físico como simbólico: restaurar una charca para la fauna, instalar diferentes tipos de cajas nido, construir un «hide» fotográfico para los amantes de la ornitología, eliminar especies invasoras, especialmente el alianto (‘Ailanthus altissima’). Pero, sobre todo, aspira a reconstruir el vínculo entre el territorio y quienes lo habitan y estudian.
Esta iniciativa llega pocas semanas después de que el Ayuntamiento de Águilas y la UMU reivindicaran el papel de Chuecos como «aula abierta» y laboratorio vivo. En ese foro -celebrado en la biblioteca municipal- se insistió en la necesidad de encontrar un modelo de gestión sostenible que combine conservación, ciencia y desarrollo socioeconómico. Entre las propuestas: el turismo ornitológico, una vía para generar ingresos sin comprometer el valor ecológico del enclave.
La ciudadanía parece haber tomado nota. Ante la falta de acuerdo institucional, proponen como respuesta la acción organizada. Sin ruido político, pero con una carga profunda en el sentido más esencial: decidir qué se protege y cómo. Porque Chuecos es un lugar valioso que necesita cuidado y corre el riesgo de quedar desatendido.
La pregunta sigue en el aire. ¿Puede un lugar así depender únicamente del voluntarismo ciudadano? ¿O acabará encontrando encaje en una estrategia pública de conservación? Mientras llega la respuesta, Chuecos resiste. Y sus defensores han decidido que no cruzarán los brazos y que esa resistencia no será en silencio.
Una cabra montés en el rezume travertino de la finca Castillo de Chuecos.
(UMU)
El agua que lo cambia todo
El rezume travertino de la finca Castillo de Chuecos, apenas un punto de agua de pequeño tamaño, concentra la mayor actividad ecológica de la finca. Estudios de la UMU han documentado en él conductas de reproducción, marcaje o competencia entre especies que rara vez coinciden en espacio y tiempo. Su continuidad hídrica lo convierte en un elemento crítico para la biodiversidad en un entorno semiárido, donde cada gota determina qué especies pueden sobrevivir. Su preservación se ha convertido en una prioridad científica y ahora también ciudadana.

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Enlace de origen : Minga por Chuecos: manos ciudadanas al rescate de un enclave en riesgo