
En la actualidad se suele usar el término salón de juego o recreativo como eufemismo de casa de apuestas, pero en los años 80 y … principios de los 90 el concepto era muy diferente. En esa época se trataba de lugares de esparcimiento más inocentes, abarrotados de adolescentes cuya mayor ambición era ganar un torneo local de ‘Street Fighter 2’ o impresionar a alguna chica haciendo virguerías en ‘Super Pang’, en lugar de sacar las tres cerezas en una tragaperras. El declive de estos centros de ocio coincidió con la llegada de la PlayStation al mercado, así que tradicionalmente se la ha señalado como responsable de su desaparición. Pero Daniel Castellanos, coleccionista y presidente de la asociación murciana Arcade Game, tiene otra opinión: «Los recreativos cerraron porque las tragaperras vivieron un auge muy fuerte. La licencia de esas máquinas costaba lo mismo y daba un beneficio diez veces superior. Para cuando se percataron y cambiaron la ley ya era tarde, habían caído».
Si tenemos en cuenta que unos críos con unas pocas monedas en el bolsillo no son un cliente potencialmente tan lucrativo como sus padres, con sueldo propio, su teoría tiene sentido. Tres décadas después se han cambiado las tornas. Esos chavales criados entre marcianitos son ahora adultos con suficiente poder adquisitivo como para cumplir el sueño infantil de poseer su propia recreativa. Y algunos de ellos no solo lo han hecho realidad, sino que han hecho de ello su principal ‘hobby’.
Castellanos es uno de los afortunados que se reengancharon al mundillo arcade en el momento más propicio, cuando esas viejas máquinas consideradas obsoletas languidecían en almacenes y trasteros. «Ahora la cosa es muy diferente. En cualquier sitio te piden 400 o 500 euros por una recreativa rota, pero yo la mía la conseguí por 100 euros. Ya estaban rentabilizadas y decían ‘¿para qué quiero esto ocupando espacio si ya no juega nadie?’. No sabían qué hacer con ellas, así que me fui con una furgoneta y me la llevé», explica.
A José Ángel López, presidente de la asociación Arcade Mula, su primera adquisición también le salió casi gratis. «En su época los muebles eran de operadores que los alquilaban a los bares y cuando dejaron de ser rentables a lo mejor ni se molestaban en ir a recogerlos. Había algún encargado de ir a recoger el dinero de la recaudación, hasta que un día dejó de ir y se quedaron ahí. Entonces los del bar te los podían llegar a regalar, porque para ellos eran un estorbo», cuenta a LA VERDAD.
«Todo lo ‘retro’ está en auge. Hay mucha gente que decía que esto iba a decaer, pero es al contrario, va a más. Cada vez hay más asociaciones y gente que quiere meterse en el mundillo arcade»
Daniel Castellanos
Presidente de Arcade Game
Una experiencia colectiva
Para los apasionados del arcade, tener su propia recreativa en casa es solo el primer paso. Parte del encanto de los antiguos salones consistía en que la experiencia era colectiva. La adrenalina de llegar al último nivel de ‘Cadillac and Dinosaurs’ con solo una moneda de cinco ‘duros’ se multiplicaba cuando se formaba a su alrededor un corrillo de parroquianos que seguían la partida con la misma atención que si fuera una final del Mundial de Fútbol. Así, aficionados de toda la Comunidad comenzaron a reunirse y a formar asociaciones para compartir partidas y consejos.
Arcade Game nació en 2019 como un grupo de amigos de Murcia y Molina de Segura interesados en aprender a restaurar viejas recreativas y disfrutar con más gente, pero actualmente forma parte de una comunidad más amplia. «Desde hace unos ocho años hay muchísimas asociaciones de este tipo en España. Nosotros colaboramos con Arcade Planet, de Sevilla, y con gente de Barcelona y Madrid. Somos un grupo muy grande de gente y nos ayudamos entre nosotros. Si a alguien le faltan piezas o alguna otra cosa nos vamos ayudando para poner en marcha las máquinas», explica su presidente.
Su principal labor es «dejar las máquinas que tenemos en condiciones óptimas y restauradas» ya que, según Castellanos, «casi siempre tienen diez dedos de polvo y tenemos que desmontarlas completamente y limpiarlas». Tras disponer de un local en Molina, actualmente cerrado debido a una «inasumible» subida del precio del alquiler, el objetivo a medio plazo de Arcade Game es abrir un museo ‘retro’ en Murcia, donde el público pueda disfrutar de sus reliquias, expuestas junto a otros artículos de coleccionismo que atesoran, como juguetes de los 80.
Arcade Mula, también fundada en 2019, dispone de su propio salón en la Gran Vía de dicha localidad. Allí los socios y otros donantes han instalado sus muebles para disfrute en común, como fueron concebidos originalmente, e incluso organizan regularmente jornadas de puertas abiertas para el público general y eventos culturales, como la presentación del libro ‘El legado visual del Club Nintendo’, escrito por Carlos Martínez, propietario de la mayor colección de Game Boy de España.
José Ángel López reconoce que allí «los que más disfrutan son los padres». El lugar es un templo de la nostalgia, donde se pretende replicar la experiencia de ir con los amigos a los recreativos de antaño. A pesar de que gracias a su labor las nuevas generaciones han podido descubrir una manera diferente de entender los videojuegos, la brecha tecnológica se hace evidente con frecuencia. «Nos pasa mucho que alguna madre se sienta con su hijo en un taburete y el crío se pone a tocar la pantalla, y entonces ella tiene que explicarle que no es táctil», señala el presidente de la asociación.
Otro aspecto que se aprecia en el local muleño es la menor tolerancia de las nuevas generaciones hacia la frustración. «Las máquinas están en modo gratuito, no tienen que estar echando monedas como cuando nosotros éramos niños, así que ellos se ponen a jugar y en cuento los matan o ven un poco de dificultad se van a probar otra. ¡Anda que nos íbamos a dejar nosotros una partida a medias en nuestra época!», ironiza López.
Pasar la antorcha del conocimiento
Como el que tiene un coche clásico, los amantes de las recreativas se ven obligados a hacer un mantenimiento periódico y aprender a vivir con miedo a que cualquier día sus componentes, ensamblados hace tres o cuatro décadas, decidan que llegó el momento del ‘Game Over’. Uno de los fundadores de Arcade Mula estudió electrónica y ha formado a otros socios para que puedan hacerse cargo de los problemas más habituales. «Al final aprendes a tocarlas. Tienes una máquina rota y en desguaces puedes encontrar piezas de otra que está muerta para darle nueva vida», explica José Ángel López.
En parte mecánicos y en parte arqueólogos -dentro del mundillo se empieza a acuñar el término ‘arcadeólogos’-, estos aficionados han podido resucitar algunas máquinas históricas, como una ‘Off Road’ (1989) que había sido dada por perdida. Otros muebles míticos presentes en su sede son un ‘Operation Thunderbolt’ (1988) equipado con unas vistosas metralletas; el simulador de conducción ‘Daytona USA’ (1994); el clásico ‘Pac-Man 2’ (1981); ‘Radical Bikers’ (1998), un videojuego desarrollado en España que lleva un manillar de moto y consiste en repartir pizzas; y ‘Lethal Enforcers’ (1992), un exótico arcade de pistolas basado en imágenes reales de actores. Conseguir este último título fue una pequeña odisea, según recuerda el presidente de la asociación: «Fuimos a Alicante a por ella en plena noche, porque el dueño solo podía a esa hora, y tuvimos que sacarla de la casa en silencio para no despertar a su mujer, que estaba durmiendo».
En ocasiones, los trabajos de restauración arrojan algunas sorpresas, como muebles genéricos que resultaron tener instalado el cartucho de un juego muy cotizado. Otras veces, el interior de estas cápsulas del tiempo, además de polvo, restos de chicles y bichos muertos, conserva tesoros de otro tipo, como cromos antiguos o bolsas de patatas fritas con la etiqueta del precio en pesetas, ya caducadas pero de gran valor nostálgico.
Aunque se las suelen apañar por sí mismos, en ocasiones se ven obligados a buscar información en foros de internet o consultar a miembros de otras asociaciones. Para los casos más complicados, todavía quedan algunos técnicos especializados a los que recurrir, como el veterano Pedro Tovar. Según este murciano, que lleva desde 1978 dedicándose a la reparación y a la compraventa e importación de máquinas, recambios y cartuchos de juegos, «las placas nunca fueron diseñadas para durar toda la vida» y resulta inevitable que tarde o temprano dejen de funcionar. «Las averías son muy diversas y en máquinas de hace 30 o 40 años es habitual que falle el monitor o la fuente de alimentación. Lo que más se suele estropear son los condensadores, porque tienen unas horas de vida determinadas. Llevan un electrolito que con el tiempo se va secando, hasta que ya no cumple con su función», explica Tovar.
Aunque este profesional valora la ilusión con la que los aficionados trabajan para recuperar recreativas antiguas, también alerta del peligro que entraña lanzarse a soldar estaño sin una debida formación. «La gente tiene que ser consciente del peligro. Por un monitor circulan 30.000 voltios. No hace mucho, un amigo mío murió por una descarga y era profesional».
Pedro Tovar, que este año cumplirá 65 años, no quiere jubilarse sin transmitir sus conocimientos a una nueva generación a través de una serie de cursos que ofrecerá este verano. «Me parece un desperdicio irme y llevarme toda esa experiencia conmigo. Cuando yo empecé en este sector nadie me enseñó a trabajar en él y a día de hoy sigue sin haber nadie que enseñe esto. Mis profesores estaban centrados en el campo de las televisiones o las radios, así que fui autodidacta», lamenta este profesional de la electrónica, que sueña con crear una academia-taller en toda regla que ayude a los aficionados a ganarle la partida a la obsolescencia tecnológica.

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Enlace de origen : 'Arcadeólogos' murcianos resucitan los recreativos de los 80 y 90