La impronta histórica de León XIV

La impronta histórica de León XIV

La reciente visita de León XIV a España no solo ha sido histórica por su duración –siete días cargados de actos multitudinarios–, sino sobre todo por los mensajes que deja y que adquieren un significado especial, de mucho calado y profundidad, en el actual contexto político y social. Posiciones coherentes con las líneas ideológicas y espirituales de la Iglesia católica, pero que ganan relevancia cuando se condensan en tan corto espacio de tiempo y ante multitudes populares, me atrevería a decir que inéditas en muchos años en nuestro país. La movilización ciudadana que hemos podido ver esta última semana en Madrid, Barcelona y Canarias nos conduce a una afirmación irrefutable: el Papa es el único líder mundial capaz de congregar tales masas de seguidores y sin que se hayan resgistrado incidentes destacables; todo lo contrario, su estancia ha convertido el enfangado terreno de lo público en una balsa de aceite. No existe ni un solo político en el planeta que ostente, siquiera mínimamente, el poder de convocatoria del Pontífice, ni que aglutine en torno a su figura sensibilidades ideológicas diametralmente opuestas. Y todo ello a pesar de los errores que haya podido cometer la Iglesia –el más grave, sin duda, la ocultación de casos de abusos y pederastia en el seno del clero– y de la aparente crisis de una religión fuertemente arraigada en nuestras costumbres, en la familia y en innumerables aspectos de nuestro día a día.

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