
Lo que sucede con ‘Muerte De’, el tercer trabajo discográfico de Mare Carrier, es que te pasa por encima, te ataca, te atrapa, te zarandea, … te cautiva, te sorprende, te deja hecho polvo, te sana, te pierde, te reconcilia y te deja con la bendita resaca de los viajes que no se olvidan. A lo largo de sus diecisiete temas, tejidos por el hilo de lo conceptual y engrandecidos por el vértigo de lo imprevisible, el grupo murciano te lleva por rincones oscuros, orillas soleadas, túneles, cloacas, habitaciones con restos de adolescencia pegados en las paredes, bares con la música a todo volumen, libretas con versos tachados, madrugadas sin nombre y amplios jardines con estatuas de sal y espinitas de cristal.
Formada por, piden ser citados así, Ernesto a la batería; Juanje en guitarra; Marta en bajo y coros; Vitus en guitarra y coros; y Salva en piano y voz, Mare Carrier se convirtió con la publicación el pasado año de ‘Muerte De’ en una especie única a la que conviene rescatar de las garras del silencio y por la que merece la pena jugarse algún que otro golpe emocional y sonoro que puedan provocar sus volcánicas composiciones. Este jueves, compartiendo velada con los granadinos Paul Rodie, el grupo presenta en la sala Revólver (21.00 horas / 10 y 12 euros) el que es uno de los álbumes más radicales y brillantes surgidos en el panorama musical regional en los últimos años. Charlamos con Salva, Vitus, Juanje y Marta.
–¿Qué poso les ha dejado un acto artístico de valentía y rabia emocional tan salvaje como ‘Muerte De’?
–Vitus: Ha calado muy hondo. Salva vino con una idea brutal. Abrió sus vísceras y nos convenció desde antes de que el álbum cobrara forma.
–Salva: Fue un poco como comerse una miga de pan para quitarte esa espina de pescado atascada en la garganta, te quedas mejor que como empiezas, pero no estás del todo cómodo. Y, desde luego, quieres más.
–¿Cómo surgió la idea de dar forma a una obra así de ambiciosa?
–Salva: Vitus y yo, desde pequeños, hemos crecido idolatrando a aquellas bandas de finales de los 60 y principios de los 70 que entendían que, cuando te vendían un disco, te vendían una historia. Recuerdo que flipábamos cuando parecía que estabas escuchando la misma canción y el numerador de la pantalla cambiaba y estabas ya en la siguiente. Abríamos los ojos muchísimo y agitábamos las manos, todas esas cosas que haces de crío cuando algo te mola mucho. Queríamos transmitir lo mismo a nuestros oyentes.
–¿Qué balance hicieron entre la historia que cuenta el disco y la manera en la que querían contarla?
–Vitus: La historia fue sembrada de forma incontestable por Salva. Llegó con una idea tan dotada de fuerza que era imposible no doblegarse a ella.
–Salva: La historia es muy importante, pero la forma también. En esta casa se obedecen las leyes de Don Guillermo Ricardo Wagner (y las de la termodinámica).
–¿Tuvieron en mente algún disco conceptual como referencia?
–Salva: Las influencias claves en esta etapa creativa fueron ‘Igor’ de Tyler, the Creator y ‘Tannhäuser’ de R. Wagner.
–¿Qué sintieron cuando escucharon el disco terminado por primera vez?
–Marta: El subidón de calidad de producción, el increíble esfuerzo que había detrás. La unión de las canciones a lo largo del álbum es sin duda de las mejores características que tiene, se apoyan y complementan unas a otras y ayudan a percibirlo como las fases de una relación.
Referentes
«Las influencias claves en esta etapa creativa fueron ‘Igor’ de Tyler, the Creator y ‘Tannhäuser’ de R. Wagner»
–¿Qué papel jugaron las dudas durante el proceso de creación del álbum? ¿Las consideran un elemento que puede resultar inspirador?
–Salva: Fíjate que estuvimos a punto de cargarnos el grupo… Si no fuera por El Estudiante Larry, que no paraba de animarme, no sé qué habría pasado. Durante esa época, Vitus también estuvo manteniendo el barco a flote y vimos un poco la luz cuando entraron Marta, Juanje y Ernesto al proyecto. Supongo que las dudas están bien siempre y cuando seas capaz de resolverlas, si van a acabar siendo tu tumba, pues ya no hacen tanta gracia, por muy inspiradoras que sean (risas).
–Vitus: Las dudas suponen un muro que saltar. Una barrera que limita la capacidad creativa. Es un problema de ‘adultitis’. Frente a eso, Salva aporta seguridad animando a fluir, a que las ideas se expresen sin miedo o vergüenza. Hay que volver a la infancia para ser poeta.
–¿Cada canción surgió con sus propios códigos sonoros o fue un ejercicio voluntario el vestir a cada una con un género distinto?
–Vitus: Es pura inspiración a hombros de gigantes: los artistas y álbumes que más nos han influido en nuestra vida. Cada género está en una región de la memoria, esperando salir en el momento oportuno.
–Salva: No fue algo consciente. Componíamos, nos poníamos a grabar, pensábamos en la producción que podía acompañar a los sentimientos que queríamos transmitir y el resto iba sobre ruedas.
–La crudeza de las letras es otro punto a favor de la obra. ¿Mejor siempre ir directo a la yugular que esconderse bajo complicadas metáforas?
–Marta: Creemos que lo difícil hoy en día es ser sincero, lo verdaderamente valiente es decir las cosas tal cual son. Usamos recursos literarios, pero siempre asegurando transmitir con crudeza en algún momento.
LETRAS CRUDAS
«Creemos que lo difícil hoy en día es ser sincero, lo verdaderamente valiente es decir las cosas tal cual son»
–¿Qué parte de sí mismos descubrieron trabajando en ‘Muerte De’?
–Salva: La peor.
–Vitus: La creación colaborativa.
–Marta: La parte más experimental y realista de la música.
–¿Cuánto margen de improvisación dejan cuando suben al escenario?
–Juanje: Nos gusta poder expresarnos con cierta libertad. Es una de las cosas que nos une. Cuando alguno tiene una idea, venga del lugar que venga, se trabaja e intentamos seguirnos. Es ahí donde realmente sale lo genuino de cada uno.
–Vitus: El margen es total. Cada concierto es un ejercicio de improvisación entre los cinco.
–El proyecto ha sufrido muchos cambios y situaciones complicadas desde su nacimiento. ¿Se sienten unos supervivientes?
–Vitus: Sin duda. Esta forma de hacer música, de interpretarla y llevarla al escenario, la propia estética y los principios en los que se sustenta, te exige luchar contra molinos de viento transformados en gigantes.
–Salva: Si he aprendido algo en estos años es que soy un completo idiota. Que durante más de media vida he sido mi peor enemigo y que lo más sano es no tomarse demasiado en serio, porque nada al final importa tanto como uno piensa. El mundo ‘yankee’ intentará venderte toda tu vida la mentira de lo importante que eres y lo valiosa que es tu opinión, pero creo que de vez en cuando está bien mirarse al espejo, recordar los errores del pasado, admitir la parte de imbécil que llevamos dentro, pedir perdón cuando se pueda, perdonar cuando se deba, e intentar ser mejor persona cada día. Y cuidar al de al lado, que, al fin y al cabo, es cuidarte a ti mismo.

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