
La experiencia en el restaurante Juego de Bolos es de las más sui géneris de todo el territorio regional. Para empezar, el local está situado … en un centro municipal deportivo dedicado a jugar a los bolos cartageneros. El comedor, cinco mesas en un espacio muy reducido y una pequeña barra que da a la cocina. Fuera, en la terraza, mesas de plástico y manteles de usar y tirar más propias de partidas de cartas y dominó que de una comida a la altura. El servicio de camareros es de los más familiares que vais a ver en vuestra vida. De los que te cogen del hombro en modo confidente si les preguntas por algún detalle. Además, no hay carta, ya que el cocinero y propietario, José Nicolás, va haciendo según va comprando en el mercado todos los días. O sea, en apariencia, todos los rasgos de una cantina, muy alejados de una experiencia gastronómica del nivel que ofrecen.
Debe de ser eso de las expectativas. Nadie en su sano juicio pensaría que está en uno de los locales con mejor producto de Cartagena a tenor de lo que ve al entrar el restaurante. Pero sí. En Los Bolos, se come muy bien.
La camarera va cantando los platos disponibles del día. Yo dejo pasar el marisco y me lanzo como un cormorán por un gazpacho marinero que he visto al entrar junto a otra mesa. «No, los gazpachos y los arroces son por encargo», me informan.
Comienzo con unas anchoas sobadas a mano con un chorrito de aceite y un buen tomate partido. Un filete me lo como solo y el otro pinchando un par de cortes del tomate en una combinación ciertamente ganadora.
No es tiempo de alcachofas, pero José Nicolás me las ofrece porque tiene todo el año. Las pela y congela en temporada y luego no se comportan mal si las cubres por varias lascas de buen jamón ibérico, como es el caso.
Los dos platos siguientes son una auténtica bofetada de contraste entre la cocina y la sala de este local cartagenero. Un calamar nacional en su tinta y, sorpresa, una cazuelita de los gazpachos marineros que el cocinero ha podido rescatar para que los pruebe. Muy agradecido por el detalle, el rape y las gambas del guiso de pasta blanda manchega es una delicia en toda regla. Si vais, encargad antes el gazpacho sin dudarlo un minuto. El caldo, condimentado con varias especias, con predominio del orégano, es de un fondo de sabor tal que no le hace falta tropezones. Delicioso.
Valoración
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Cocina
6
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Local
5
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Calidad/precio
8
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Bodega
6
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Servicio
5
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Dirección:Manuel Wssell de Guimbarda, 44. Cartagena
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Teléfono: 968 512 360
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Horario: Lunes a domingo, de 9.30 a 19 h.
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Precio medio: Unos 40 euros por persona.
Con el calamar de potera pasa algo muy curioso. En cocina deben de saber que el bicho tiene dos cocciones -una corta y otra larga- y lo han llevado a la práctica de maravilla. Dulce, tierno, con un sabor mar tan elegante y sutil, como el ligero sabor a tinta, aceite de oliva y a limón escurrido en donde meto pan hasta agotarlo. Delicioso.
Sin embrago, con las cocochas de merluza al pilpil hay un pequeño resbalón. La calidad del pescado es máxima, pero al personal de cocina se le ha ido la mano con la guindilla, y quedan tan picantes que no puedo terminarlas.
Con entrecot de vaca madurada, tan tierna que puedo cortarla con el tenedor, termino una experiencia tan diferente a lo que estamos acostumbrados que la disfruto de verdad. Larga vida.

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Enlace de origen : El restaurante de Cartagena que cambia la carta diariamente según el mercado