Habían quedado en un segundo plano, pero ha llegado su momento: el piso heredado con azulejos de 1983, el dúplex con un exterior desaprovechado o … el chalecito con una fachada amarillenta. Numerosos propietarios de la costa del Mar Menor han hecho sus cálculos: ante un verano con los viajes por las nubes, medio mundo en conflicto y el alquiler vacacional a precio de la Costa Azul, reformar la casa de la playa para pasar los meses de calor se ha convertido en un plan atrayente. Ese repliegue hacia un veraneo local, sumado al auge imparable del alojamiento turístico y -otro ‘boom’- la obsesión por las piscinas privadas, han disparado la demanda de obras menores para un sector que no da abasto y, como ya ocurrió en pasados picos inmobiliarios, ha generado una nueva escasez aguda de albañiles y otros oficios.
«Con la covid empezó la locura de las reformas, que aún sigue», confirma Leo Samper, cuya empresa realiza obra nueva y rehabilitaciones en la zona del Mar Menor. Esa tendencia que viene de 2022, se ha potenciado con otros factores multiplicadores, como la inestabilidad geopolítica internacional, que ha encarecido los vuelos, los hoteles y todo lo relacionado con la estancia fuera de casa. «El que sale, hace escapadas, y el resto del verano lo pasa en la casa de la playa. Y luego está que todo el mundo quiere una piscina, quepa o no», cuenta la empresaria. De hecho, en San Pedro del Pinatar, el 58% de las peticiones de licencia que otorgó el Ayuntamiento el año pasado eran para construir piscinas. Este año se ha repetido el fenómeno, con el 51% de las solicitudes, según confirma el concejal de Urbanismo, Valentín Henarejos.
En San Javier, el auge de la reforma se refleja también en la actividad municipal. En 2025, las declaraciones responsables de obra y las comunicaciones previas de obra -las fórmulas más frecuentes para pequeñas obras, pinturas de fachada, etc.- sumaron 1.202 casos, y este año ya van por los 641. En el 10% de los casos responden a peticiones para incorporar una piscina a la vivienda. Hay que sumar las 95 peticiones de licencia de obra menor, que requieren esperar una respuesta municipal por el volumen del proyecto. A mitad de año ya ha alcanzado la suma total de las registradas en 2025, según el concejal de Urbanismo, Antonio Martínez Torrecillas,
A la fiebre de las reformas contribuye el pequeño inversor, que ya en la pasada burbuja inmobiliaria contribuyó a inflar los precios del mercado de la vivienda. «Mucha gente compra casas viejas, las arregla y las alquila o las vende», explica Samper. En la escalada de precios participa «el encarecimiento de los materiales y de la mano de obra», señala Diego Baños, de Mar Menor Construcciones. «La vivienda está imposible, así que algunos deciden arreglar la casa de los padres o, directamente, hacer dos de un dúplex y alquilarlas», comenta.
Trabajos en el exteriorde una vivienda particular, junto a la piscina.
(L. S.)
El milagro alcazareño
En Los Alcázares se repite la ‘moda’ de las rehabilitaciones. Con 136 peticiones de licencias a la altura de junio, va camino de superar las 260 concedidas el año anterior. «Después de las inundaciones, el pueblo sufrió una depreciación de la vivienda, pero la situación ha dado la vuelta, porque el municipio se ha vuelto más atractivo para vivir, han abierto muchos negocios, hay más empleo y ahora no es fácil encontrar una vivienda de alquiler», explica el concejal de Urbanismo, Pedro Sánchez. Desde 2023, el padrón municipal ha subido al ritmo de un millar por año.
La fiebre de la reforma aflora por las esquinas. «Hay días que se recogen hasta cinco camiones de enseres viejos, sobre todo en estas fechas, porque la gente llega a la casa de la playa y empieza a renovar el interior y el mobiliario», señala el edil. Las semanas previas al verano son las de las prisas al constructor. «Todos quieren tener la casa terminada para las vacaciones», asegura José García, de Crea Interiores, ubicada en Los Narejos. Sus clientes son, sobre todo, extranjeros que compran casas en la costa del Mar Menor y las arreglan o las cambian por una nueva distribución o aspecto. «Arreglos de españoles, pocos», señala. Después de 23 años haciendo obra en el litoral murciano, acusa «la falta de profesionales, sobre todo el modelo de albañil que lo sabía hacer todo; ese ya no existe, porque se están jubilando y no hay repuesto». El cóctel de factores que engorda el sector inmobiliario está replicando en el Mar Menor el problema de otras burbujas anteriores: contar con un fontanero o a un albañil es una lista de espera similar a la de la sanidad pública.

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