
Ya desde su faceta de empresario, como socio fundador de Sedauto-Volvo, uno de los concesionarios más sostenibles de Europa, Raúl García Fernández (Madrid, 1962) … intentó ser siempre un ejemplo para otras empresas de transformación medioambiental. Realmente, la Fundación Legado Humano Natural inició su andadura como la obra social de su compañía. Hace nueve años le propusieron asistir a una actividad de concienciación medioambiental, limpiar una playa en Alicante, coincidiendo con la Ocean Race, la regata de vela alrededor del mundo patrocinada por Volvo, y aquella experiencia cambió su manera de ver las cosas. Empezó a ser más consciente de los problemas de contaminación de los mares y océanos por plásticos, microplásticos y nanoplásticos, y sus efectos en la salud y en las comunidades de animales marinos. «No me podía quedar indiferente ante un problema así», reconoce en conversación con LA VERDAD. Empezó colaborando con la Consejería de Cultura, donando durante la pandemia tres ordenadores para que los escolares pudieran seguir teniendo visitas virtuales al Museo Arqueológico de Murcia durante el confinamiento. También donaron a La Arrixaca televisiones, teléfonos y tablets para que pacientes ingresados en el hospital pudieran comunicarse con los familiares que no podían acceder a ellos en esos momentos. Asimismo, donó un piano a través de Iberpiano para ser utilizado en el hospital.
A partir de ahí nació SOS Legado Humano (SOS hacía referencia a Sedauto Obra Social), pero desde que se constituyó en fundación pasó a llamarse Fundación Legado Humano Natural. Recientemente donaron un dinar de oro de Ibn Mardanis al Museo de Santa Clara de Murcia.
-¿Qué tenía muy claro entonces?
-Tenía muy claro que en esta generación no vamos a ser capaces de empezar a solucionar el problema medioambiental, y que lo mejor que podíamos hacer es dejar un legado para las siguientes generaciones, que no es otro que ser conscientes del deber de solucionar este problema. Hay una playa a la que tenemos especial cariño, Cala Salitrona, en la Reserva Marina de Cabo Tiñoso (Cartagena), que es un paraíso. Después de haber limpiado la misma playa probablemente siete veces en dos años nos dimos cuenta de que el problema era el plástico y, sobre todo, el uso que hacemos del plástico. La Fundación ha dedicado atención a otras playas, desde la punta de Santa Elena en La Azohía hasta El Portús prácticamente. Nos hemos centrado en Cabo Tiñoso porque es difícil de limpiar, de acceder y muy difícil retirar todo lo que se ha limpiado. Y todo eso que se retira se emplea como elemento de concienciación y hacemos una estadística de todo lo que recogemos, lo geolocalizamos y lo enviamos a plataformas de investigación de todo el mundo.
-¿Le ha sorprendido conocer las procedencias de esa basura?
-Sí, porque hemos llegado a encontrar botellas de plástico que venían de Egipto y de Argelia, y no sabemos claramente si ha sido por las corrientes o porque venían en mercantes marinos. Hace no tanto tiempo apareció en Cabo de Palos un cachalote que había muerto a consecuencia de la ingestión de plástico que tenía en su estómago. Hay un problema global, y aunque nuestra costa mediterránea fuera perfecta en su gestión, hay que decir que solo el río Nilo vierte ya un porcentaje brutal de todo el plástico que llega al Mediterráneo, y probablemente suceda igual de otros ríos porque el mar se ha usado desde la antigüedad como vertedero. Antes se vertía materia orgánica y se descomponía, pero es que hay plásticos hoy que tiramos al mar que pueden estar sin degradarse hasta 500 años.
-A partir de ahí empezaron también a contar con la cultura como un elemento muy valioso para concienciar a la gente.
-Sí, y al mismo tiempo queríamos que la gente dejara de ver la cultura como algo elitista, y facilitar el acceso a cultura a personas que no estaban interesadas, o que no habían tenido la oportunidad en su día de tenerla. Empezamos a organizar exposiciones, coloquios, charlas… y se creó el festival Distopía que utilizaba otro lenguaje para la concienciación. Es posible mezclar arte, cultura y medio ambiente. Nos dimos cuenta de que era posible integrar a colectivos sociales en riesgo de exclusión en actividades que hacíamos.
-En el Parque Regional de El Valle y sobre un espacio en Calasparra están llevando a cabo el proyecto ‘Avatares’, que une reforestación regenerativa y convivencia en espacios naturales con la colaboración de la Facultad de Biología de la Universidad de Murcia (UMU), la asociación Albores, la Asociación de Familias de Acogida de la Región de Murcia (Afamu) y la Comunidad Autónoma [la Consejería de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, y la Consejería de Política Social].
-Es que llevar a determinados colectivos y darle un propósito al trabajo que se hace allí puede ser terapéutico, por eso estamos muy contentos con los resultados. Estos dos proyectos en Calasparra y en El Valle son fundamentales para nosotros. En 1994 hubo un incendio devastador en la Sierra del Molino, y aquella zona se reforestó, pero un amplio porcentaje de lo reforestado, al menos un 95%, no ha sobrevivido porque los protocolos de la reforestación con el cambio climático han quedado bastante desfasados. Allí se plantó monoespecie, normalmente pino carrasco. Y lo que pasa con el pino, cuando se planta de esa manera intensiva, es que coge plagas y enfermedades como el barrenillo y la procesionaria. En épocas de sequía los árboles se vuelven más vulnerables y se contagian con facilidad. Con la Facultad de Biología de la UMU trabajamos en una nueva reforestación que mezcla especies (pinos, enebros, sabinas, aladierno…), monte bajo, y no plantarlas en superficies grandes, sino formando islas para que se extienda de manera natural. El resultado final será más resistente. Nosotros tutelamos la plantación cinco años, además, para que el pino tenga la suficiente fuerza y salga adelante. Hemos plantado este año, como una experiencia piloto con Albores, 500 árboles en una zona de monte público de la que hemos pedido la tutela al Ayuntamiento de Calasparra y a la Comunidad Autónoma. Allí quedan los restos de lo que hizo Tragsa, quedan tutores de plástico y rejillas de plástico. Nosotros hemos hecho tutores de bambú y protectores de cartón que acabarán convirtiéndose en compost. Hemos medido, además, la huella de carbono de la actividad de reforestación. Aquello es tan extenso que debe haber al menos 10.000 hectáreas para reforestar. Vamos a ver este año y el que viene cómo funciona esta experiencia piloto en marcha. Queremos que esos colectivos en riesgo de exclusión que colaboran con nosotros realicen ese proceso de tutela hasta que se emancipen y tengan una vida social normalizada.
«Tenemos fe en las empresas de la Región de Murcia: hay que darles información y que vean las ventajas que tiene iniciar su transformación medioambiental»
-Ángel Haro, arquetipo de artista crítico y comprometido, ha recibido este año el primer premio Legado Humano Natural.
-Hemos querido poner en valor el patrimonio cultural de la Región de Murcia, rescatar a artistas con vínculos con la Región como es el caso del ciezano Manuel Marín, apoyando exposiciones en el Museo Ramón Gaya y el Museo de Siyâsa de Cieza, su tierra natal, pero también a artistas como Ángel Haro, ganador del I Premio Legado Humano. Uno de los pilares de su práctica artística es la reutilización de materiales, a los que concede una segunda vida como soporte creativo. Materiales destinados al desecho se transforman en obra, en una forma de crear que conecta con los valores de la Fundación y con una mirada consciente hacia el medioambiente, el tiempo y la memoria.
-Este año, además, lanzan un festival de las ciencias y las artes.
-Sí, se llamará Festival Legado Humano y lo haremos el último fin de semana de mayo, este año lo haremos con mucha premura y queremos invitar a científicos y artistas para que hablen y expongan, y de alguna manera fijar las bases de un nuevo festival que queremos que perdure. Invitaremos a Pablo González-Conejero (Cabaña Buenavista, 2 estrellas Michelin) para reivindicar la excelencia gastronómica. Lo haremos en el Centro Párraga, en la Filmoteca Regional Francisco Rabal y en el Museo de la Ciencia y el Agua de Murcia, y puede que alguna actividad en la calle. Serán tres días en total. Vamos a contar con cine, literatura, artes plásticas y ciencias. Distopía seguirá exclusivamente como festival de cine y medio ambiente en noviembre, y lo llevará directamente Javier García, director del Festival Sombra. Nos independizamos de alguna forma para desarrollar facetas culturales que no podíamos hacer en Distopía. Ya no estaremos como organizadores, y estamos orgullosos de lo que ha sido Distopía: nos ha ayudado a darnos a conocer como fundación.
-¿Quiénes son los asesores de la Fundación Legado Humano?
-Tenemos a gente talentísima en el área social, medioambiental y cultural. Como asesores contamos con Francisca Giménez Casalduero, catedrática de Zoología Marina del departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universidad de Alicante y directora de investigaciones marinas de Santa Pola CIMAR-UA; Emilio Cortés Melendreras, director técnico y conservador en el Acuario de la Universidad de Murcia; Francisco López Castejón, profesor de la Escuela Técnica y Superior de Ingeniería Naval y Océanica (ETSINO) de la UPCT; Noelia Ibáñez, jefa del Área de Atención al Visitante del Museo Nacional del Prado; Javier Bernal, director del Centro Regional de Restauración de la Dirección General de Cultura; Rafael Fuster, director del Museo Ramón Gaya de Murcia, y Rafael Llor Martínez, director de la Asociación Albores. Rocío Asensio Troyano nos apoya en administración, protocolo y relaciones institucionales; Lola Asensio Troyano, en producción y dirección de proyectos; Mery Palmer, en comunicación y marca.
-¿El modelo de la Fundación Legado Humano Natural ha servido de ejemplo para otras empresas o corporaciones en la Región de Murcia o no hay ciertamente ese voluntarismo ecologista?
-Nosotros hicimos una evolución porque acabamos siendo una empresa que prestaba atención al problema medioambiental. Y creo que nos hemos convertido en activistas medioambientales porque luchamos un poco contra el estado de las cosas actuales. Nosotros, y yo personalmente lo tengo muy claro, pensamos que estos problemas medioambientales vienen de la indiferencia y del desconocimiento. Hay empresas que no actúan bien porque no saben el problema medioambiental que están generando. Hay otras que probablemente son conscientes del problema, pero piensan que el problema va a solucionarlo otro, la legislación, la administración o incluso la tecnología. Pero o socialmente nos implicamos todos, o el problema va a tener complicada solución.
-¿Y esto dónde se discute?
-Desde la Fundación organizamos actividades, damos información, tenemos una web (https://legadohumanonatural.org/). Nosotros asesoramos a todo el que nos requiere sobre lo relacionado con la RSC (responsabilidad social corporativa), pero también sobre cómo hacer una transformación de una empresa para que entre en la economía circular y sea un ejemplo a su vez para otras empresas. Debería ser viral. Estamos orgullosos de haber inspirado a otras compañías. Auxiliar Conservera es hoy una empresa modelo, también lo es Estrella de Levante; Primafrío está iniciando la transformación hacia movilidad eléctrica y empezando a utilizar energía solar. En el caso de Primafrío, además de clientes nuestros, son donantes de la Fundación. Que empresas tan potentes y con tanta presencia empiecen a dar estos pasos, es muy loable. Nosotros tenemos fe en la transformación de las empresas, y hay que darles información y que vean las ventajas que tiene iniciar su transformación medioambiental. Es algo positivo.
«Desgraciadamente solo el río Nilo vierte ya un porcentaje brutal de todo el plástico que llega al Mediterráneo, y probablemente suceda igual desde otros ríos porque el mar se ha usado desde la antigüedad como vertedero»
-Ustedes tienen un bosque para los trabajadores en su recinto.
-Sí, se ha convertido en una zona de descanso, de relax, para los empleados, con árboles frutales y pinos. Es una especie de isla de naturaleza en medio de un polígono industrial donde se refugian pájaros e insectos, y es un proyecto que queremos extender a otras empresas, y a otros polígonos industriales, porque será bueno que tengan rincones verdes.
El paraíso de la infancia
-¿Cómo era su vida hasta los 50?
-Mi padre fue un pionero de la automoción en Murcia, empezó en los años 60. Nosotros somos gallegos en origen por mis abuelos maternos, que tenían una granja en las montañas del sur de Lugo, y eran ecologistas sin saberlo. Planificaban su actividad en función de las siguientes generaciones. Mi abuelo se dedicaba a la silvicultura, pensaba en el futuro, en los que vienen después. La granja de mis abuelos era un sitio de difícil acceso, rodeada de abedules, castaños, con ciervos, corzos, jabalíes, lobos, tejones… era lo mejor del verano, una inmersión en una naturaleza sin tocar, con bosques primigenios que desde la época de los romanos quizás no habían sido tocados. Una gozada. Mis primeros recuerdos de Murcia son con 5 o 6 años. Recuerdo que cuando íbamos a Mazarrón me parecía un puro desierto. Hemos seguido yendo todos los veranos a Galicia, allí están enterrados mis padres, porque así lo quisieron, y allí llevé a mi hija con menos de un año de edad porque quería que tuviera contacto con aquel paraíso. Pero desde que era muy joven viví con la ansiedad de que ese paraíso se iba reduciendo. Los incendios eran la plaga. Lo vemos en la película ‘O que arde’, de Óliver Laxe, gallego, casi vecino, su casa puede que esté a 30 kilómetros de la de mis abuelos. Puedo decir que allí en Galicia aprendí que detrás de un problema medioambiental suele haber un problema social. El problema del Mar Menor se ha convertido en social, ha tenido muchas repercusiones a nivel social.

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Enlace de origen : Raúl García: «En la granja de mis abuelos en Galicia aprendí que detrás de un problema medioambiental suele haber un problema social»