Iñigo Vélez de Mendizábal (Vitoria, 44 años) bromea con el fotógrafo. «No me hagas agacharme que las rodillas no las tengo para muchos trotes», le … suelta en medio de la sesión de fotos en las oficinas del estadio Cartagonova. Exagera, pero no tanto. Tuvo que colgar las botas con 30 años tras solo aguantar los siete primeros partidos de la liga 2012-13 con el Xerez del ‘Boquerón’ Esteban, en Segunda. Ya no tenía cartílago, el menisco se lo había destrozado y los dolores eran tremendos. No obstante, él quería seguir. Su calvario empezó en septiembre de 2002 cuando se rompió el cruzado con 19 años, en su tercer partido con el filial del Espanyol. Se había marchado a Barcelona porque el Athletic, que lo tenía cedido en el Aurrerá Vitoria en Segunda B, no se decidió a repescarlo. Seis años más tarde, por el camino más largo, cumplió su sueño de estar en la primera plantilla del Athletic Club. «No jugué prácticamente nada. Por delante tenía a Fernando Llorente, Ion Vélez y Toquero, pero fue bonito porque jugamos la final de Copa contra el Barça», recuerda.
-Llegó por el camino más largo, pero el caso es que usted llegó. Hay otros muchos que no lo consiguieron.
-Sí, pero fue un ‘quiero y no puedo’. En agosto estaba fuera del Athletic. Me iban a ceder al Numancia, que estaba en Primera. Pero en 24 horas cambió todo. Aduriz se fue al Mallorca, yo me quedé de tercer delantero en el Athletic y a Soria se marchó Asier Goiria. Luego, en enero, lo tuve hecho para irme cedido al Alavés. Allí estaba Mandiola, que me había tenido en el Eibar. Pero tampoco se hizo y me quedé el año entero en el Athletic. Me había pedido Joaquín Caparrós, porque la temporada anterior me salieron dos partidos buenos con el Real Murcia enfrentándome al Athletic. Pero luego no me puso.
-Siendo usted vitoriano, ¿no le queda esa espina de no haber jugado nunca en el Alavés?
-Me hubiera gustado y estuve cerca, pero también te digo que yo estuve en el fútbol base del Aurrerá Vitoria desde los 9 años y llegué al primer equipo, en Segunda B. Estuve con Luis de la Fuente y con Mendilibar. Entonces, el Alavés tenía poca estructura de cantera. Empezaban en el cadete y el gran club de cantera erá el Aurrerá. Entonces, nunca tuve la sensación de no llegar. Hice 13 goles con Mendilibar con 19 años en aquella Segunda B tan complicada y me llegaron muchas ofertas. Elegí la del Espanyol después de acabar el Bachillerato, que fue una imposición de mi madre. Con el paso del tiempo se lo he agradecido mucho.
No se veía de entrenador
«En mi etapa de futbolista no sabía ni contra quién jugábamos el domingo»
-Y se rompió nada más llegar al filial perico. ¿Cómo fue?
-En césped artificial, en un partido en el campo de la Gramanet. Fíjate si era inconsciente que el médico me dijo al día siguiente que tenía el cruzado partido por la mitad y mi respuesta es si iba a poder jugar el siguiente domingo. ‘¿En un mes estaré?’, le dije. Él me contestó que en seis. Al final estuve un año sin jugar.
-¿Y cómo fue esa retirada tan prematura?
-Venía de hacer un buen año en Segunda en el Xerez, compartiendo delantera con José Mari y Tato, el murciano. Pero en un partidillo, tras una entrada de un chico del filial, la rodilla se terminó de fastidiar. Estuve siete semanas en las que no entrenaba de lunes a viernes, hacía algo en el entreno del sábado y jugaba el domingo. Los compañeros me preguntan si me merecía la pena seguir y yo les decía que sí. Me vino un día el míster [el ‘Boquerón’ Esteban] y me dijo que no tenía ningún sentido continuar así. Yo no lo veía y quería seguir. Los dolores los iba soportando, pero evidentemente la rodilla ya no daba para más y lo tuve que dejar con solo 30 años.
-¿Y cómo fue eso de sentirse un jubilado siendo tan joven? ¿Se adaptó a su nueva vida? Cómo lo llevó?
-Puff. Mal, muy mal. Fueron meses muy complicados. Yo no estaba preparado para lo que venía después del fútbol. Yo hice mi carrera de Magisterio y estaba formado, pero lo pasé francamente mal cuando tuve que dejar el fútbol. Desde que me puse a entrenar al cadete del Aurrerá me entregué por completo a lo de ser entrenador, pero pasé un tiempo muy jodido. Desde los 9 años solo había pensando en el fútbol. De un día para otro, me levantaba por la mañana y ya no me iba a entrenar… Puff. Difícil. Y lo peor es perder la adrenalina de la competición. Eso es imposible de sustituir. ¡Con nada!
-¿Siempre tuvo claro que iba a ser entrenador?
-¡Qué va! Si yo era un desastre… En mi época de futbolista no sabía ni contra quién jugábamos el domingo. Sin embargo, en mi etapa final en el Xerez, cuando el físico ya lo tenía mermado, empecé a correr menos y a entender más lo que pasaba en el campo. Entonces, un lunes en una charla, Carlos Ríos, que entonces era nuestro míster, preguntó quién quería ser entrenador cuando dejara de jugar y yo fui el único que levantó la mano. Desde ese momento sí que lo tuve claro y entre Vitoria y Pamplona me saqué los títulos.
-Su primer proyecto se lo dieron en el Amorebieta e hizo historia con un ascenso a Segunda en Badajoz absolutamente inesperado.
-Llegó la pandemia y muchos jugadores vascos priorizaron el tema de volver a casa. De ese modo, formamos una plantilla solo con futbolistas vascos y el equipo estaba muy comprometido e iba con todo. Se hablaba del factor campo, pero en Urritxe nos costó mucho y ganamos tantos partidos como visitantes que como locales. En el ‘playoff’ nos tocó el Linares y yo sabía que íbamos a eliminarlos. Y así fue. Los rivales no nos tenían demasiado en cuenta, pero antes de pestañear ya íbamos 0-2 ganando. Volábamos y nos iba muy bien la presión alta. Nos tocó la final contra el Badajoz y en el Nuevo Vivero. Mi primera reacción fue pensar que estábamos jodidos, pero fueron pasando las horas y entendí que el problema, y toda la presión del mundo, era para ellos. Y así fue.
Su método
«Estoy dando continuidad al equipo y creo que los que no juegan lo entienden porque ganamos»
-Y se vio en Segunda División con el Amorebieta. Vaya pasada, ¿no?
-Fue increíble, claro. Lo que pasa es que no estábamos preparados para ese reto. Renovamos a 17 jugadores y nos tuvimos que ir a Lezama. Y en Segunda nos costó mucho, aunque la verdad es que competimos con dignidad en todo momento.
-La temporada siguiente se fue al Lugo cuando el equipo estaba a 12 puntos de la salvación.
-Era marzo y estaba deseando entrenar en Segunda. Quedaban doce jornadas, pero evidentemente era un reto casi imposible. Y no lo sacamos.
-En la Ponferradina lo echaron tras muchas jornadas yendo líder y después de dos empates a cero.
-Así fue. Estábamos peleando por el primer puesto con el Deportivo. Y allí el problema fueron las expectativas. La Ponferradina acababa de bajar y la directiva creía que era un club de Segunda, cuando la realidad es que estábamos en Primera Federación.
-¿Se arrepiente de haber ido el año pasado a Huelva?
-No, ni mucho menos. Es el Decano del fútbol español, era una oportunidad muy buena y pensaba que íbamos a poder darle la vuelta a una situación deportiva, económica e institucional complicada. Yo había entrenado solo en el norte y en mi etapa de futbolista me enriquecieron mucho mis aventuras en equipos del sur. Yo no quiero ser un entrenador de un solo sitio. Quiero ser entrenador de fútbol y para eso tengo que conocer contextos distintos y diferentes formas de entender el fútbol. Es verdad que en Huelva no lo pudimos sacar. Y fue una pena.
Vélez, en la entrevista que concedió a LA VERDAD.
(P. Martínez)
-Para situaciones complicadas esta que se ha encontrado en el Cartagena. Habrá vivido mil cosas en el fútbol, pero creo que ninguna tan surrealista como su llegada a mediados de febrero al Efesé.
-[Se ríe] Tuve las maletas hechas en mi casa tres semanas para venir y mi mujer no entendía nada. Me preguntaba cada día: ‘¿pero te vas o no?’ Yo pensaba que iba a venir, pero iban pasando los días y no terminaba de venir. Fueron semanas muy raras.
-¿Y qué le contestaba a su mujer?
-Yo creía que iba a venir, pero no venía. Me encogía de hombros. Es que no sabía por qué no se cerraba todo.
-¿En serio?
-A ver, cuando destituyen a Javi Rey, me llama Javi Hernández [director deportivo] y yo lo tengo claro desde el minuto uno. Quiero venir a Cartagena. Estoy loco por venir a Cartagena, de hecho. Por historia, por plantilla, por club y por afición. Había rechazado otras ofertas de Primera Federación porque no me veía en los proyectos que me ofrecían. Pero Cartagena era una cosa distinta, claro.
-Pero el club le dio dos partidos a Raúl Guillén y fichó a Federico Arias. ¿Dio por hecho que no venía?
-Claro, cuando no sigue Raúl y anuncian al chico argentino, que además entrenó al equipo el lunes después del partido con el Marbella, pues entendí que se caía mi opción. Como te decía, yo había rechazado varias ofertas, una de ellas en ese intervalo de tres semanas que pasaron entre que despiden a Javi Rey y anuncian a Arias. Luego, el miércoles 18 de febrero por la mañana, me llama Javi Hernández y me dice que arranque el coche y me venga para acá, porque el entrenador argentino no tiene el título. Y le hago caso a Javi: cojo el coche y me vengo desde Vitoria directo al primer entrenamiento.
Imbatido en casa
«No dejamos la portería a cero porque estemos los 90 minutos sin pasar del centro del campo»
-Se hace todo mal justo antes del derbi, en el que además el Real Murcia se adelanta en el minuto 3. Y, sin embargo, lo ganan y desde el primer partido todo le sale rodado.
-Así es. Cuando nos marcaron en Murcia en el minuto 3 me dije: ‘madre mía, vaya manera de empezar en Cartagena’. Pero el equipo se serenó, entendió lo que el partido requería, remontó y sumó tres puntos que nos dieron mucha confianza. Es un triunfo de mucho mérito y que demuestra el nivel de esta plantilla.
-¿Qué se encontró al llegar?
-Un vestuario muy sano y muy unido que, fundamentalmente, necesitaba estabilidad. Los que habían llegado en enero estaban más frescos de cabeza, pero para los que están aquí desde julio era distinto. Han pasado mucho, han vivido muchas cosas… Y lo que necesitaban era calma y centrarse en el fútbol.
-Usted simplificó las cosas, dio mensajes claros y los resultados ayudaron desde el primer día.
-Totalmente. Aquí podemos trabajar durante 24 horas, ver 245 vídeos del rival, analizar mil detalles y saber lo que va a hacer el otro equipo… Pero manda el partido del domingo. Yo intento esconder nuestros defectos y maximizar nuestros puntos fuertes, pero eso es lo que hacemos todos los entrenadores en todas las categorías. Lo que cuenta son los resultados y nuestra dinámica, que es buena, sirve para que parezca que todos somos mejores.
-La sensación es que va directo al grano y no se pierde en tecnicismos. No es un entrenador demasiado intervencionista. Lo hace fácil.
-He sido jugador y creo que entiendo al futbolista. Que yo vea 200 vídeos del Algeciras no significa que tenga que martillear al futbolista ni darle una información excesiva antes del partido. Sé que hay jugadores a los que hay que hablarle tres minutos y hay otros que necesitan diez. Pero al final se trata de dar cinco o seis mensajes claros al grupo y no pretender que todo lo que pase durante los 90 minutos esté bajo tu control. Porque no lo está.
-Llegó a un equipo que se había vuelto loco por las rotaciones de Javi Rey y le dio una inesperada solidez defensiva, con un once muy reconocible. ¿No rota porque no cree en las rotaciones o porque no tiene plantilla para hacerlo?
-Esto es lo mismo que te respondí antes: los resultados hacen que se valore todo de una manera u otra. Javi Rey también rotaba el año pasado en la Ponferradina y se quedó a un gol del ascenso. Yo estoy dando continuidad al equipo y creo que los que no juegan lo entienden. Pero esto viene, sobre todo, porque estanos ganando partidos, hemos dejado la portería a cero ocho veces de diez y estamos arriba. Pero sé que si tengo que poner a Iván Martínez lo va a hacer igual de bien que Lucho, porque entrena como un animal. A Edgar no lo pongo y cuando tuvo que jugar de lateral derecho lo hizo fenomenal. Lo mismo con Ander Martín, cuando lo tuve que poner de lateral izquierdo. Creo que eso pasa porque el futbolista entiende lo que hacemos y, sobre todo, porque los resultados nos están acompañando.
-La base de todo es no encajar goles. ¿Esto es buscado? ¿Su principal objetivo es terminar los partidos con la portería a cero?
-No, cualquiera que haya visto nuestros diez partidos en el Cartagena se dará cuenta de que somos ofensivos y atacamos mucho. Estamos jugando con un 4-2-4. Los cuatro de arriba son delanteros, pero la clave es que se implican y trabajan mucho en el repliegue. No dejamos la portería a cero porque estemos los 90 minutos sin pasar del centro del campo. El día del Teruel, Rubén Gálvez hizo paradas increíbles, contra el Sevilla Atlético también tuvimos muchas ocasiones y ante el Sanluqueño debimos golear. Por supuesto que dejar la portería a cero nos da mucha confianza y nos permite competir contra todos los rivales. Y eso lo estamos consiguiendo por la solidaridad de todo el equipo, no es algo que sea solo mérito del portero y de los defensas.
-El principal hándicap es que al equipo le falta mucho gol. ¿Teme que esto al final les deje sin ‘playoff’?
-Tenemos jugadores como Ortuño y Chiki que han hecho buenas cifras en su carrera. Yanis hizo siete goles con el Málaga en Segunda y creo que tanto los centrales como los laterales también nos pueden ayudar. Es una cosa de todos. Es obvio que no vamos sobrados de gol, pero yo estoy deseando que empiecen a entrar las ocasiones que generamos y que ese techo también lo rompamos.
-¿Qué le pasa a Alfredo Ortuño? Apenas cuenta con él y se le ve desconectado.
-Ha sido titular dos veces conmigo, aunque es cierto que está teniendo poco protagonismo. Yo estoy encantado con su trabajo, entrena muy bien y es de gran ayuda en el vestuario. Entiende que Chiki está bien y acepta su rol. Sé que puedo contar con él y su nivel está fuera de toda duda.
«Los jugadores no pueden estar sin cobrar»
-Se ha encontrado usted un escenario muy difícil en el club, con el cambio de propiedad recién completado y una inestabilidad institucional que lo complica todo.
-Ya he vivido situaciones así, tanto como jugador [Xerez] como entrenador [Recreativo]. Cuando me llamaron sabía cómo estaban las cosas en Cartagena y no ha sido ninguna sorpresa. Me quedo con que estamos peleando por algo muy bonito y todos estamos apretando. En el equipo todos sabemos que llegando al ‘playoff’ podemos solucionar muchas cosas en el club.
-Alejandro Arribas tuvo que entrar en el vestuario tras la victoria contra el Antequera para calmar los ánimos. Después pagó una nómina, pero los problemas persisten. ¿Hablan de esto en la caseta?
-Suele decirse que los futbolistas son unos privilegiados y que pueden tener retrasos en el cobro, pero eso es algo que me molesta. Los jugadores no pueden estar sin cobrar. Son trabajadores, como cualquier otro trabajador que hace una labor y tiene una nómina y unas facturas que pagar cada mes. Y no me parece bien que se normalice que haya retrasos en los pagos. Aquí no hay millonarios. En el vestuario hay un grupo de chicos que hacen su trabajo, que cumplen y que se están dejando la piel cada día. Sé que Alejandro [Arribas] está haciendo mil gestiones y tocando mil puertas, pero la realidad es que no llega esa solución que todos queremos.
-¿Qué importancia tiene Pablo de Blasis en este Cartagena?
-Muchísima. Es un ejemplo para todos, con sus 38 años. Igual que Nacho y Ortuño. Los chicos jóvenes ven a estos tíos con casi 40 años morir por el equipo y saben que ellos también tienen que hacerlo. Ha cambiado mucho el fútbol y los códigos en el vestuario son muy distintos a los que me encontré yo cuando llegué a Segunda B con 17 años. Pero De Blasis mantiene esa esencia del pasado. Además, me estoy aprovechando de que no jugó demasiado en la primera vuelta y ahora tiene esa frescura que nos da un plus.

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