
Una novedosa ruta cultural recuerda con acierto una de las célebres leyendas de la Semana Santa murciana
No hace tantos años, muchos de quienes ahora … ya peinan canas, si es que no andan calvos mondos y lirondos, acostumbraban a distraer las tardes de la primavera murciana jugando al llamado y curioso juego del Berrugo.
Curioso, pero poco gracioso para los huertanos dueños de aquellos bancales de matas de habas que brillaban, ya en flor y perdonen tamaña cursilería, como lluvia de mariposas blancas sobre sus hojas. Jugar al Berrugo era entrar en ellos y atiborrarse de sus exquisitos frutos, arramblando con todo a su paso.
Era solo otra consecuencia de una de las leyendas más arraigadas en la Semana Santa murciana. Se refiere a la talla del Berrugo, un feo sayón del paso del Pretorio a quien da apodo la enorme verruga de su cara. El personaje porta en las manos cada Miércoles Santo, cuando sale en procesión con la Sangre, un puñado de habas.
Desde antiguo, se aseguró que abandonaba el trono el Martes Santo de madrugada, víspera de la estación de penitencia, para hacer fechorías en la huerta, en los bancales de habas, entrando a los gallineros y sembrado el pánico entre los niños. En mi libro ‘Los misterios de Salzillo’ daba hace mil años buena cuenta de la historia.
Les cuento estas cosas sobre nuestras cofradías ahora, cuando hasta ha pasado el Entierro de la Sardina y llevan a la Fuensanta, la pobre, de pueblo en pueblo, porque el concejal Jesús Pacheco, con mucho acierto, ha presentado una nueva ruta turística.
Se trata de un recorrido, flanqueado por cinco placas decorativas con habas, elemento simbólico vinculado a esta tradición, distribuidas en un recorrido que conecta los enclaves más representativos del Barrio, que así llamamos en Murcia al Carmen: el Puente Viejo, la Alameda de Colón, el Jardín de Floridablanca y la puerta de arciprestal.
La idea del concejal Pacheco resulta, para quienes amamos la historia, tan sencilla como acertada. A cada cual lo suyo. Y por cuatro perras, que esa es otra. Ni tiempo le ha dado al Berrugo, tan pillo como él se cree, a reaccionar. Hasta el presidente de la Sangre, Carlos Valcárcel, da por bueno cuanto escribo. E igual haría su padre, el recordado cronista don Carlos, al que tanto echo de menos en estas lides periodísticas.
Ya venía el edil dando muestras de sensibilidad con el patrimonio por su exitosa gestión al rehabilitar la plaza de Verónicas, proyecto que desbloqueó tras años y años de desencuentros entre los placeros, murcianos de dinamita donde los haya, y algún otro concejal que, insensato, todo lo quería (y quiere) abarcar.
Ahora llega Pacheco y, a las puertas del verano, cuando nadie lo esperaba, da el zapatazo patrimonial con esta iniciativa. Ole. Como diría un huertano: tírale millas Jesús, que esa es la dirección correcta.
Y yo añado, porque no todo sean alabanzas: ¿Cuál es el origen de la leyenda? Nadie lo sabe. El erudito José Alegría publicó en 1947 una teoría. Al parecer, un verdugo paseaba por la huerta cuando le dio tal apretón (por nadie pase) que apenas tuvo tiempo de adentrarse en un cercano bancal de habas. Acachado como corresponde para tal inaplazable empresa, entre las matas solo sobresalía una especie de montera roja que cubría su cabeza.
En esas pasaba por allí una pareja de carabineros, quienes pensaron que el hombre andaba, más que abonándolas, robando las habas. Tras comprobar quien era, se ofrecieron a escoltarlo. Y la gente que los veía confundió la escena. Apenas unos minutos después corría el rumor por la huerta. Habían detenido, ya no al verdugo… ¡sino al Berrugo del Carmen!, que también luce montera roja.
Cierto o no el origen, sobre la talla escribirá Díaz Cassou que el modelo de Salzillo fue un alguacil apodado El Chano, a quien sorprendió cosiendo una estera en la antecámara del corregidor. No sé, y les confieso que es el único temor que tengo: en qué textos se apoya la propuesta de Pacheco. Pero todo lo que exceda de lo referido es inventado.
El Berrugo fue destrozado durante la Guerra Civil, aunque más tarde lo recuperó Sánchez Lozano, quien respetó su antigua traza. Menos suerte tuvo otra imagen que desfilaba en el paso, también ‘colorao’, de las Hijas de Jerusalén. Fue pasto de la sinrazón en 1936. Muchos la llamaban «el primo del Berrugo» por su gran parecido con aquél.
Esta leyenda es una de las mejor contrastadas en la ciudad. Ya en 1896, el diario ‘Las Provincias de Levante’, al describir la procesión ‘colorá’, aseguraba que la imagen del Berrugo, «como todos los años, ha sido la que más se ha prestado a los comentarios de la gente sencilla y los niños, que aseguran ha sido preso esta mañana por una pareja de la Benemérita en un bancal de habas del partido de La Arboleja». Sí, de donde mismo son las pavas que le echamos al arroz con ídem y boquerones, si es que ya alguien las cultiva.

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Enlace de origen : El concejal Pacheco no juega al Berrugo