
Siempre he compartido con Ballesta su forma de defender Murcia. Mas allá de ideas políticas, o del día a día de la misma política municipal, … ha tenido siempre en mente una Murcia que, creo, vislumbramos muchos murcianos. Ha batallado contra el complejo. Ese complejo tan nuestro que no es consecuencia de sentirse menos, sino de una especie de generosidad humilde que desarrolla un conformismo contra el que siempre luchó. Murcia lo tiene todo para avanzar en la gran ciudad que ya es, y Ballesta lo veía clarísimo. Una ciudad multicultural, acogedora, alegre y única. Ahí nos unió a muchos. Su determinación en esa defensa ha construido todos estos años una base fuerte sobre la que apoyarnos. Y ese legado creo sinceramente que es el que más le habría gustado que recibiéramos. Nuestra capacidad para creer en lo que somos, sin complejos, conscientes de nuestra originalidad, de nuestra historia y de nuestro presente, y sobre todo, de nuestro futuro.
Hace poco estuve con él en su despacho de Glorieta. Estaba demacrado. Cansado. Pero escribía… Hablamos de su fantástica pitocrónica y le dije que ese cuento que nos regaló debería estar publicado. Dijo que lo escribió a mano y se lo aprendió de memoria para recitarlo en las tablas del Romea… Fue mucho más que una pitocrónica. Fue una historia de Murcia hecha desde esa fuerza que Ballesta defendía para todos, fielmente contada. Sus ojos brillaban, pero nos dijo que quizás era vanidoso publicar un discurso desde el Ayuntamiento… Fue un regalo a Murcia que la Agrupación Sardinera, estoy seguro, sabrá recuperar.
No olvidaré tres momentos especiales. Un Viernes Santo llamó a mis hijos, entonces pequeños, para entregarles el bastón de alcalde de Murcia en plena procesión. Ahí estuvieron los tres sosteniendo el bastón y quedó para siempre en su memoria, que durante unos instantes tuvieron el mando de la ciudad en sus manos.
Hace no mucho presentó una novela escrita por mi padre, entre amigos, en el Casino. Para mí iba a ser un gesto amable, pero fue mucho más. No solo se había leído la novela, algo que hoy en día para una presentación así, es ciencia ficción en un político. Leyó párrafos que tenía subrayados, compartió visión sobre ellos con mi padre y demostró que hacer aquella presentación fue tan importante para él como para el escritor. Para mí fue diferencial. Me sorprendió mucho su implicación y dedicación para algo en lo que solo con asistir ya habría ganado respeto. Fue mucho más allá.
Ha habido muchos momentos más. Muchos discursos excelentes, en los que he aprendido y en los que he sentido esa defensa con la que inicio estas palabras. Pero el pasado 25 de octubre ofició mi boda en el salón de plenos del Ayuntamiento. Meses antes, en Madrid, en un acto sobre Murcia y el 1.200 aniversario, al conocer nuestro compromiso no dudó en aceptar estar con nosotros este día tan especial. Su discurso en la boda fue tal y como habíamos imaginado, un elogio a la sencillez y a la importancia del amor en el día a día. La felicidad, dijo, está en mirar a los ojos a quien te acompaña y sentir que te ves desde los ojos del otro. Los mismos ojos con los que Murcia hoy nos mira a través de su defensa de esta ciudad. Hoy nos despedimos de Pepe Ballesta, y del alcalde de Murcia, pero no podremos nunca despedirnos de la Murcia que nos enseñó tantas veces. Ese legado es para siempre. Descanse en Paz. Vale.

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Enlace de origen : Ballesta, defensor de Murcia