
Rodillas al suelo, brazos en jarra y gestos derrotados. Con el pitido final, el éxtasis verdiblanco en medio de un imposible pululando entre la resignación … grana, inmóvil en el círculo central de un Enrique Roca cansado de escuchar la misma historia una y otra vez. La megafonía ocultando una pitada a media asta. El enésimo ridículo de un curso para el olvido invitaba a ello, pero cuando el himno bajó los decibelios apenas quedaba algún centenar en la grada; el murcianismo había desfilado en solemne procesión para no perderse el inicio del clásico, y los hombres de Curro Torres hicieron lo propio dirección al vestuario, a vueltas con el lío en que se han metido de cara a las últimas dos jornadas.
Por contraste, el eco del pitido final este domingo recordó que el Enrique Roca ya no alberga gabinetes de crisis a cielo abierto; una especie de resignación impotente parece instalada en una grada que ha perdido a la mitad de los más de 19.000 abonados, cansados de asistir a la misma representación cuando un equipo ‘inferior’ se planta sobre el césped grana. El pasado domingo ni siquiera hubo pañolada, apenas pitos, algún reproche suelto en jugadas aisladas. La grada de animación apoyó durante todo el duelo, obstinada, pero con el volumen propio de un equipo empeñado en detener el precioso fenómeno de regreso a lo local que el feudo grana abrazaba hace un año.
Nadie les podrá reprochar nada. En mayo del año pasado, los balcones de la capital del Segura se engalanaron en grana para recibir la regreso de un ‘playoff’ de ascenso al fútbol profesional. Más de 31.000 espectadores tiñeron el Enrique Roca en una panorámica colosal que terminó empañada en lágrimas, pero que paradójicamente reactivó el sentir grana. Mientras todo llega, el club centenario rompió su tercera mejor marca de abonados en un verano lleno de ilusión, con una campaña de captación que apelaba directamente a la resiliencia grana, más una identidad que una característica; básicamente el motivo por el que el club continúa con vida. Un año después, la ilusión ha dejado paso a la apatía entre el recuerdo lejano de las grandes noches.
Una pérdida dolorosa
Tras el duelo contra el Betis B, en el que 9.969 espectadores se dieron cita en una tarde espléndida de domingo en el Enrique Roca, pensar en la próxima campaña de abonos remite al vértigo. A falta de dos jornadas, el Murcia ni siquiera sabe todavía en qué categoría competirá el año que viene. El descenso a la Segunda RFEF sería un seísmo de proporciones bíblicas pero, aunque se consiga la permanencia, el estado de apatía y desconexión de gran parte de la hinchada solo invita a pensar en una campaña de abonos mediocre.
Un año después del duelo de ‘playoff’ ante el Nàstic, con 31.003 espectadores en las gradas, la ilusión ha dejado paso a la apatía
Tampoco cabe normalizar la presencia de casi cinco cifras de espectadores para un partido de la zona baja de la tercera categoría. El Murcia juega en otra galaxia en lo que a masa social se refiere, pero en su contexto es una pérdida dolorosa, tanto a nivel social como en lo económico. La evolución de la asistencia traza una curva mensual que evidencia el vaivén emocional de un curso en el que, a decir verdad, este Murcia nunca enganchó a una gran parte de sus alrededor de 19.000 abonados.
Septiembre arrancó con una base alta, por encima de los 14.000 espectadores de media, pero la asistencia fue perdiendo fuelle, poco a poco, hasta tocar fondo en marzo, con apenas 7.692 aficionados de media en los tres partidos ante Tarazona, Marbella y Sanluqueño. La situación era límite, y la grada se dividió entre aquellos que se bajaron del barco grana y esos otros que mostraron su rabia. Precisamente ante los gaditanos la bronca fue descomunal. Poco después, se produjo aquel incidente de la invasión del párking del Enrique Roca tras la derrota a domicilio en el Rico Pérez de Alicante.
Sin ventaja local
El pasado domingo, tras una nueva debacle grana contra un filial desahuciado, el equipo encontró un nuevo fondo en su particular sótano, pero esa grada que en otras ocasiones aguardó a que el himno cesara para mostrar su rabia se resignó camino a casa pese a que el descenso es una seria amenaza. En parte, todo se debe al nefasto registro de este Real Murcia en el Enrique Roca. El cuadro grana es el cuarto peor visitante de la categoría, solo por debajo de Sanluqueño, Marbella y Sevilla Atlético, con seis victorias, cinco empates y siete derrotas para un total de 23 puntos en 18 duelos.
El club cuenta con más de 19.000 abonados, pero todo indica que el año que viene, sin importar la categoría, la cifra bajará drásticamente
Fran Fernández no ganaba en casa, pero hizo 30 puntos el curso pasado. Uno más que en la 23-24 y que en la 22-23, pero hay que remontarse mucho más allá. La sangría como local ha sido una losa histórica, con la peor puntuación en casa en los últimos 20 años, solo empeorado por los 22 logrados en la 07-08, el último curso en Primera División de un estadio diseñado para la élite, con una afición que añora las grandes noches que hace no tanto parecían cercanas. De los 15.592 espectadores de media en el curso pasado a los 13.255 de este año. Más de dos mil gargantas granas olvidadas por el camino, dos mil aficionados que representaban el resurgir de una hinchada cansada de ver la misma historia una y otra vez.

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Enlace de origen : El fracaso del Murcia vacía el Enrique Roca