La Biblioteca Regional de Murcia expone desde hoy las ilustraciones de Carmen Cantabella inspiradas en ‘Impaciencia del corazón’ (1939), un clásico del autor austriaco Stefan … Zweig con traducción de Alfredo Cahn, incluidas en la nueva edición publicada en la Región de Murcia por las editoriales Alfaqueque, del ciezano Fernando Fernández Villa, y Gollarín, del caravaqueño Francisco Marín. La inauguración de la muestra y presentación del libro [en España fue publicado también como ‘La piedad peligrosa’] arrancará a las 19:30 horas en un acto apoyado por el Foro Cultural de Austria en Madrid. «Este texto es de una inteligencia y sensibilidad narrativas fuera de lo común», apreció Pablo d’Ors.
Hay que ubicarse poco antes de la Primera Guerra Mundial. El teniente Anton Hofmiller recibe una invitación para acudir al castillo de un magnate húngaro cuya hija, que sufre parálisis crónica, se enamora del joven oficial. Aunque incluso llega a prometerse con ella, Hofmiller sólo siente compasión por Edith. Esta fue no solo la primera novela larga de Zweig, sino también la primera publicada en el exilio, en Estocolmo y Ámsterdam.
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Cantabella recibió el encargo con un ejemplar antiguo de esta obra del alabado escritor vienés. «Me encantó», reconoce la artista murciana, «porque habla de los temas que yo abordo en mi pintura, el naturalismo simbólico que yo utilizo plásticamente, aunque siempre he hablado de la metafísica, de los retos de la sociedad y sus individuos, de la idiosincrasia propia de lo que significa ser humanos. En este caso, la novela aborda magistralmente un asunto universal: la compasión. Y, sobre todo, cómo podemos caer en esa compasión peligrosa, o lamentable, que es la de tener pena por alguien, o permanecer con alguien por pena». Cantabella sintió que esta era por fin «una oportunidad de oro para relajarme», y aparcar por un momento sus críticas políticas y sociales habituales para centrarse en pintar por pintar: «Estoy muy afectada por ver cómo está la escena internacional, con tanta guerra y tanto malestar global. Siento que seguir hablando de ese tema me hiere más que curarme, por eso acepté este reto tan hermoso y tan estimulante a nivel psicológico».
Delirante euforia colectiva
El siglo XXI es «la gran edad de oro» de Zweig en España, asegura el director de la Biblioteca Regional, Juan José Lara, quien menciona la extraordinaria labor desempeñada por editoriales como Acantilado para recuperar la literatura de Stefan Zweig, quien ha pasado al imaginario colectivo «como un icono del pacifismo y del cosmopolitismo». No obstante, explica Lara, «vivió, como muchos otros intelectuales, sus momentos de confusión en los albores de la Primera Guerra Mundial. Si bien en ‘El mundo de ayer’, escrito veinticinco años después del comienzo de la guerra, se recuerda ajeno al júbilo de las masas, «sus artículos y las entradas de sus diarios de la época revelan que en algo se contagió de la delirante euforia colectiva. En ‘A los amigos del extranjero’, un artículo de 1914, se despide de sus amigos franceses, ingleses, belgas, porque «entre nuestros sentimientos se interpone el destino de nuestra patria». El gran adalid de una comunidad supranacional del espíritu confiesa que ya no es el mismo, y que lo que es alemán en mí inunda mi sentimiento», detalla Lara, lector feliz con cualquier libro de Zweig en las manos.
Alfaqueque y Gollarín ya publicaron en formato de lujo otro libro de Zweig, ‘Magallanes’, así como las obras completas del lorquino Eliodoro Puche
‘Impaciencia del corazón’ apareció en 1939, cuando Zweig ya se había exiliado en Inglaterra [Londres primero, Bath después], detalla el director de la BRMU: «El año anterior había tenido lugar el Anschluss, la incorporación de Austria al Tercer Reich. Simpatizantes nazis quemaron públicamente libros de Zweig en Salzburgo. Europa se precipitaba hacia el desastre». Zweig evitó el frente y desempeñó durante la guerra un cómodo cargo en el Archivo de Guerra Imperial y Real, recuerda Juan José Lara: «Mientras el ejército alemán ultimaba los preparativos de la invasión, pasó tres semanas en Galitzia. El contacto directo con el sufrimiento y la devastación, aunque quizá no alteró su visión del conflicto, sí pareció transformar su estado de ánimo. En una carta a un escritor alemán ―encabezada con la exclamación: «¡El día de la caída de Varsovia!»― se pregunta: «¿No es espantoso que al cabo de un año la situación sea peor que en el momento de la primera movilización?».
«¿Un telegrama? Me sentí incómodo enseguida, ¿quién podía querer algo de mí en este mundo?», escribe Zweig.
(Cantabella)
En descargo de Zweig, Lara pone sobre la mesa que en 1915 Thomas Mann sostenía que la guerra enfrentaba a la Kultur y la Zivilisation. «La primera representaba una vida espiritual e interior, modelada por el arte y la tradición; la segunda remitía a una existencia superficial, caracterizada por la política, lo racional, la técnica, el progreso material. La Zivilisation definía a ingleses y franceses, mientras que la Kultur constituía el núcleo mismo de lo alemán. Mann acabaría siendo un firme defensor de la República de Weimar, hasta el punto de creer, bendita ingenuidad, que lograría resistir el avance del nacionalsocialismo».
Intelectualidad en los cafés
Zweig sirve también como icono de aquella Viena de los cafés en los que alternaban Arthur Schnitzler, Sigmund Freud, Peter Altenberg o León Trotski. «Eran el centro neurálgico de la vida intelectual. En ellos podía accederse a los mejores periódicos y se discutía sobre política, arte o filosofía. Algunos escritores llegaban a pasar tanto tiempo entre sus mesas que facilitaban la dirección de su local habitual para recibir allí la correspondencia», expone Lara. «Es ese mundo sereno y estable [encarnado en los sesenta y ocho años de reinado de Francisco José], donde las cosas del espíritu ocupaban un lugar central, el que desaparece tras la guerra. Ese es el mundo de ayer que Zweig añorará toda su vida, una añoranza compartida con Joseph Roth, que la plasmaría en diversos artículos recogidos en ‘Primavera de café’. Ambos acabarían encontrando una muerte trágica, cada uno con una tragedia a su medida».
Las ilustraciones de Carmen Cantabella dialogan admirablemente con la melancolía de la novela, según los editores de Gollarín y Alfaqueque, desde un trazo colorido, ágil, luminoso.
(Cantabella)
Las ilustraciones de Carmen Cantabella dialogan admirablemente con la melancolía de la novela, según Lara. Los editores de Gollarín y Alfaqueque alaban su trazo colorido, ágil, luminoso. «Gracias a ellas, esta edición se convierte en una pequeña joya que cualquier admirador de Zweig querrá tener en casa». De hecho, está disponible en la Biblioteca Regional de Murcia, lugar de todos.
Quince meses de preparación
«Pintar por pintar, sin los recursos icónicos del pop art, o de algo crítico, me ha servido para retarme pictóricamente, para tratar de pintar lo mejor que sé, y tengo que seguir aprendiendo, por supuesto», admite Cantabella, quien leyó la novela y vio también el filme ‘La impaciencia del corazón (originalmente titulada ‘Kysset’ o ‘El beso’), dirigida en 2022 por el danés Bille August. «Me puse a buscar imágenes en Google sobre los uniformes de los húsares austriacos de 1913 y de caballería, y encontré uniformes que no correspondían a ese año ni eran de caballería, muchos estaban acribillados, habían sufrido disparos de verdad y estaban en los museos. Esas fotografías no me servían porque mi fotografía es muy de detalle, y lo que hice finalmente fue ver la película, que es preciosa, con imágenes que hablan de la compasión», explica la artista, que ha dedicado quince meses para prepararse para este trabajo. En la novela figuran 13 obras, pero en la exposición hay 14 cuadros, pues ha añadido un retrato de Zweig que terminó este mismo lunes. Acrílicos sobre papel y acrílicos sobre tela.
Las muletas de la joven Edith, por la que Hofmiller oculta sus verdaderos sentimientos y le hará tener esperanzas en una pronta recuperación.
(Cantabella)
La exposición albergará igualmente una muestra del trabajo de Isabella Bo, artista multidisciplinar de la Región de Murcia que experimenta los límites entre lo artístico y lo profesional, y que acompañará el trabajo de Carmen Cantabella con ‘Impaciencia del corazón’ como hilo conductor. La velada contará con acompañamiento musical a cargo del concertino de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia Darlin Dyle y del flautista de esta orquesta Juan Antonio Nicolás, que interpretarán varios duetos de ‘La montaña mágica’ de Mozart, baluarte de la cultura austriaca.
Alfaqueque y Gollarín ya publicaron en formato de lujo otro libro de Zweig, ‘Magallanes’, así como las obras completas de Eliodoro Puche. Este acto dedicado a ‘Impaciencia del corazón’, según el director general de Patrimonio Cultural, Patricio Sánchez, celebra la unión de arte y literatura.

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