Miriam Oller tuvo, hace diez años, un embarazo complicado. Su hijo Alejandro no ganaba peso. Los médicos, preocupados, siguieron de cerca la gestación, pero al … final todo salió bien: el bebé nació a término y sano. Sin embargo, a lo largo de los meses siguientes sus padres observaron que empezaba a gatear, a balbucear o a pronunciar palabras con cierto retraso. «Hablamos con el pediatra de Atención Primaria y nos derivó al neuropediatra y a otros especialistas», explica Miriam, profesora de Secundaria en Molina de Segura. A Alejandro comenzaron a hacerle pruebas de todo tipo y terminó en la consulta de Genética Médica de La Arrixaca. Había sospecha de que detrás de sus síntomas -desde retraso motor a hiperactividad o ansiedad- se escondía una enfermedad de base genética. Pero no había un diagnóstico preciso. La alteración que padecía Alejandro no tenía un nombre.
Los padres se centraron en abordar los obstáculos que afrontaba su hijo. Hoy está integrado en la escuela y ha aprendido a lidiar con los problemas que le genera la dificultad motora. No usa zapatillas con cordoneras, ni puede abrocharse los botones. Por lo demás, «es un niño feliz», cuenta Miriam. La familia había dado ya casi por hecho que no habría una respuesta sobre el origen de las limitaciones que presenta Alejandro, pero sus médicos no tiraron la toalla. Una década después, el grupo de investigación en Genómica Médica y Enfermedades Raras del IMIB, que lidera la genetista Encarna Guillén, ha encontrado la aguja perdida que se hallaba en el inmenso pajar del ADN. Alejandro padece un síndrome de Houge-Janssens tipo 2, asociado a variantes o alteraciones en el gen PPP2R1A.
Este hallazgo ha sido posible gracias a la secuenciación del genoma completo de este niño de Molina de Segura dentro del programa Impact Genómica (Infraestructura de Medicina de Precisión asociada a la Ciencia y la Tecnología). Se trata de un ambicioso proyecto coordinado por el Instituto de Salud Carlos III y puesto en marcha en 2021 con fondos europeos NextGeneration. Participan 110 hospitales de toda España, entre ellos La Arrixaca, y cerca de 600 profesionales.
«El diagnóstico nos ha dado muchísima tranquilidad, porque ahora sabemos que la enfermedad que padece mi hijo no es degenerativa. Nunca va a desaparecer, pero tampoco va a ir más. Nos han informado de que hay unos 60 casos identificados en todo el mundo», explica Miriam Oller. La familia está también esperanzada por el hecho de que este paso pueda contribuir al mejor conocimiento de la enfermedad, algo clave de cara a futuros tratamientos.
De pie, Carolina Gutiérrez, Encarna Guillén y Miriam Guzmán. Sentadas, Belén Reynaldos y María Barreda, en el edificio LAIB, en el IMIB.
(Guillermo Carrión / AGM)
Alejandro es uno de los 16 pacientes de enfermedades raras diagnosticados hasta la fecha en la Región de Murcia gracias a Impact Genómica. El programa aún no ha terminado. Unos 2.800 pacientes han sido seleccionadas en todo el país para la secuenciación de su genoma completo, 113 de ellos en la Comunidad.
Son niños, adolescentes y jóvenes a los que se les han hecho previamente, sin éxito, todas las pruebas genéticas y genómicas disponibles en la cartera del Sistema Nacional de Salud. De media llevan once años sin diagnóstico. «A nivel asistencial, el estudio más complejo de los que realizamos es el del exoma. Ahí se analizan las secuencias de genes que sabemos que están asociados a enfermedad, pero el exoma no representa más allá del 1% o 2% de todo el ADN», explica Encarna Guillén. Para acceder a las regiones situadas entre los exones se requiere de una secuenciación del genoma completo. Ofrecer esta complejísima prueba a centenares de pacientes en todo el país ha sido posible gracias a Impact Genómica, un programa en el que prima «la equidad». Se trata de dar acceso a quien lo necesite, independientemente de su código postal.
En la Región se seleccionó a 113 pacientes sin diagnóstico, y ya se ha analizado el genoma de 63 de ellos. En 16 casos se ha podido identificar las variantes genéticas que explican la enfermedad, lo que representa un tasa del 25%. Es un porcentaje elevado si se tiene en cuenta la complejidad del reto.
El trabajo es arduo. Primero, un equipo interdisciplinar coordinado por Genética Médica de La Arrixaca selecciona a cada paciente que participa en el programa. Después se toman muestras: una parte se guarda en el biobanco del IMIB y la otra se manda a Navarrabiomed, uno de los tres centros en España que están realizando las secuenciaciones de genoma completo. Los otros dos son el Centro Nacional de Análisis Genómico (CNAG) de Barcelona y la Fundación Pública Gallega de Medicina Genómica.
Pero el uso de esta alta tecnología es solo la primera parte de un laborioso proceso. Una vez secuenciado cada genoma, al grupo del IMIB y La Arrixaca les llega un galimatías de millones de datos relativos a las variantes genéticas que presenta el paciente. Moverse por este bosque sin perderse, hasta encontrar lo que se busca, es la principal dificultad. Belén Reynaldos, Carolina Gutiérrez, Miriam Guzmán, María Barreda y María Elena Pérez conforman el equipo de biólogas y bioinformáticas que lidera Encarna Guillén, y que se aplica a esta tarea. Lo hacen con ayudada de un potente ‘software’ que incorpora herramientas de inteligencia artificial. «El cuello de botella es este análisis de los datos. Se pueden secuenciar muchos genomas, pero luego hay que filtrar entre un millón de variantes por persona. Tienes que ir al fenotipo del paciente, a sus síntomas recogidos en la historia clínica, y relacionarlo con los genes que puedan estar implicados», resume Guillén. A cada genoma hay que dedicarle una media de tres días a tiempo completo.
«Puedes llegar a una variante muy probable y determinar un diagnóstico, o puedes encontrar variantes de significado incierto. Es entonces cuando realizamos otras pruebas adicionales», añade María Barreda, miembro de este grupo del IMIB y coordinadora del programa de pacientes de enfermedades raras sin diagnóstico en La Arrixaca. Así, en ocasiones se opta por analizar el perfil de metilación o por estudiar el transcriptoma, es decir, el ARN.
Es un enorme esfuerzo que se está haciendo en toda España bajo la coordinación de los investigadores principales de Impact Genómica, el gallego Ángel Carracedo y Carmen Ayuso, y que permitirá arrojar luz sobre muchas enfermedades de base genética, incluso describiendo nuevas patologías. Además, de esta forma España aportará miles de genomas al proyecto europeo ‘Más de un millón de genomas’.
Pero el objetivo debe ser crear una infraestructura que pueda mantenerse en el tiempo e integrarse en el Sistema Nacional de Salud. Impact termina en 2026, y los fondos europeos se acaban. La oportunidad hay que aprovecharla, avisa Encarna Guillén. La genetista murciana está en esta tarea no solo como investigadora del IMIB en este proyecto, sino también como directora estratégica de la Red estatal Únicas, una iniciativa coordinada desde el Sant Joan de Déu de Barcelona que busca crear «una plataforma federada de datos» para compartir toda la información disponible en el Sistema Nacional de Salud sobre enfermedades raras.

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Enlace de origen : El programa de Medicina Genómica que ha dado respuestas a Miriam y su hijo Alejandro: «El diagnóstico aporta muchísima tranquilidad»