Hubo un tiempo en el que pareció que la vida podía llegar a ser tranqila a orillas de Benipila. Existió una época en la que … los terremotos institucionales se habían marchado lejos del lugar que, por momentos, parecía incluso ser su epicentro. Pasaron temporadas en las que la principal y única preocupación era la de saber qué ocurriría sobre el verde. Efectivamente, el Fútbol Club Cartagena consiguió llegar a ser una balsa de aceite a la que nadie o casi nadie podía decir estar acostumbrado en una ciudad siempre envuelta en polémicas cuando es el deporte rey el que asoma por la puerta.
Y no hace tanto tiempo de eso. No hay que remontarse demasiado atrás para vivir esos años en los que la gestión del entonces presidente Paco Belmonte parecía haber dotado de una estabilidad -a la postre, derrumbada- que casi de forma unánime fue aplaudida y respaldada por el entorno del club albinegro. Desde aficionados, pasando por entrenadores y jugadores, hasta el tejido empresarial del municipio y alrededores. Todo parecía ir bien.
Pero nada queda de aquel mundo que llegó a parecer idílico. Todo se vino abajo como un castillo de naipes. Desde entonces, todos y cada uno de los veranos que se han vivido en el interior del Cartagonova han sido un auténtico quebradero de cabeza. En todos ellos, la incertidumbre, el sufrimiento y ausencia de alegrías han impedido que las vacaciones del aficionado albinegro se hayan caracterizado por una relajación absoluta y han hecho que se pase de la ilusión a la pérdida de parte de la masa social que se había ganado en los anteriores años. De momento, quedan 6.000 abonados ávidos de noticias positivas. Pero no llegan.
Un camino de espinas
Nos tenemos que remontar hasta el verano de 2022 para encontrar la última vez en la que esa ilusión estaba intacta. El mercado, aunque con cambios importantes, seguía marcado por la llegada de nombres que ilusionaban. Tanto fue así que en esa temporada se terminó luchando por entrar en el ‘playoff’ en un mano a mano con el Albacete que se terminó decantando del lado de los manchegos. Y fue precisamente ahí donde se rompió todo. En el siguiente verano se produciría la salida de Luis Carrión, que sería premonitoria. La liebre soltó cuando ese verano los fichajes no llegaban y se conocieron las enormes dificultades para inscribir futbolistas.
CAMBIO DE CHIP
La masa social ha pasado de soñar con el ‘playoff’ a Segunda División a temer por la desaparición del club
Víctor Sánchez del Amo se hizo cargo del banquillo en el verano de 2023, pero la pretemporada empezó en el mes de julio sin apenas efectivos en la plantilla para entrenar y disputar los primeros amistosos. Aquel mercado terminaría con la comparecencia de Belmonte en la sala de prensa del Cartagonova gritando aquello de «payaso» e «idiota» que fue escándalo nacional.
Pero si aquello fue esperpéntico, mucho más lo fue el inicio de temporada, en el que Del Amo acabó destitudo tras seis derrotas en siete partidos. Después, la llegada de Julián Calero obraría el milagro de una salvación sin precedentes en la categoría y que no haría otra cosa que atrasar lo inevitable.
Punto de no retorno
El verano de 2024 se vivió de forma diferente. La permanencia pareció dar un respiro para rearmar de nuevo el proyecto. Las dificultades económicas se conocían y el aficionado se hizo a la idea de que los jugadores de renombre que habían llegado en años anteriores eran absolutamente inalcanzables. A pesar de ello, la pretemporada con Abelardo no fue del todo mala. Nadie presagió que el nivel iba a ser tan pobre que el equipo, ya fuera con Jandro o Fernández Romo posteriormente, fuera a tener los brazos bajados meses antes de acabar. Mientras tanto, las reuniones de los futbolistas con la AFE eran la principal noticia de un equipo sin rumbo y de una club camino del cadalso.
POCA ESPERANZA
La confianza en Arribas sigue menguando a medida que avanzan las semanas y no llegan las soluciones
El verano de 2025 parecía ponerse fin al culebrón del esperado traspaso del club. Con la B&B trabajando en la temporada siguiente, Javi Rey era el entrenador elegido y, pocos días después de su llegada, irrumpía en escena Alejandro Arribas. El anuncio llegó como una bocanada de aire fresco, pero la corriente volvió a cortarse cuando, ni la expresión ni las explicaciones dadas por el exfutbolista madrileño, ilusionaron. Menos aún cuando todo dependía de un proceso de convivncia entre dos directivas que nunca llegaron a entenderse del todo.
Será el actual, por tanto, el cuarto verano consecutivo en el que el club esté en jaque. Demasiado tiempo en el que la afición tiene que llevar a sus espaldas un peso extra. No es, sin embargo, algo extraño en Cartagena. No es otra cosa que el resumen de la historia de esta ciudad, siempre golpeada por el fútbol. No hay paz para una hinchada que solo quiere certezas y verdades.
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El invento fallido de la «transición ordenada» entre Belmonte y Arribas
Fue la única salida a la que se llegó hace un año para resolver el entramado en el que estaba envuelto el Cartagena el pasado verano. Alejandro Arribas llegó junto a su equipo de trabajo en el mes de julio. Su carta de presentación no fue la mejor posible. Soluciones y proyecto, escasos. Sin embargo, la necesidad de un cambio era tan evidente, que se terminó aceptando pulpo como animal de compañía.
La transición ordenada que se propuso entre la directiva liderada por Belmonte y la del madrileño dejaba muchas dudas. Algo que se confirmó con el paso del tiempo. El traspaso de poderes debía producirse poco después del acuerdo, pero en el mes de noviembre la situación seguía siendo la misma y la convivencia en el seno del club seguía degradándose por momentos. Tanto es así, que a finales del mes de octubre se produjo un ultimátum por parte de Arribas y su equipo si no se producía dicha transferencia. De hecho, hubo unos días en el que Víctor Alonso, mano derecha, estuvo alejado de las oficinas y advirtió que no volvería hasta que vieran una intención real de cumplir con lo que se había hablado en su desembarco.
La tensión continuaba creciendo a la par que el club seguía atado de pies y manos por la incompatibilidad de ambas. Finalmente, en la que era su tercera comparecencia, el nuevo presidente del Cartagena anunció el traspaso y la salida definitiva de la anterior directiva a comienzos del mes de enero. El adiós de Belmonte había llegado tras más de diez años en Cartagena.
Las consecuancias de ese periodo, no obstante, se pudieron seguir apreciando. La falta de afinidad desembocó incluso en la salida tardía de un Javi Rey que manifestó de forma abierta su desencuentro con la nueva propiedad. Quién sabe si, en caso de que el cambio de dirección en el club hubiera llegado antes, los puntos que el equipo se dejó hasta la llegada de Iñigo se hubieran traducido en estar a día de hoy preparándose para disputar el ‘playoff’ de ascenso a Segunda.

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