Josefa Sicilia Aparicio siempre ha sido una persona vitalista y muy activa. En el verano de 2022, con 80 años, lo seguía siendo. El 5 … de agosto amaneció como otro día cualquiera: entre sus rutinas, le tocaba su sesión de natación en la piscina, en Cartagena. De vuelta a casa, y mientras sacaba unas bolsas del maletero, un coche la empotró contra su propio vehículo. «Fue horrible, pero lo cierto es que no recuerdo nada. Me desperté al mes en el Hospital Santa Lucía. Ya me iban a desconectar, pero decidí quedarme», cuenta. El accidente había obligado a los médicos a amputarle las dos piernas por encima de la rodilla. La única opción que tenía para recuperar cierta movilidad eran sendas prótesis convencionales, que no funcionaron. «No podía mantener el equilibrio y, además, en cuanto me las ponía y me movía, me dolía mucho». Un hijo «mañoso» le hizo un apaño: recortó las prótesis para que no se cayese, y así pudo caminar «como una enanita» con ayuda de bastones, aunque solo dentro de su casa y durante cortos periodos de tiempo. Porque siempre regresaba el dolor.
Las perspectivas de Josefa no eran buenas. Amputaciones tan arriba de la rodilla complican la posibilidad de que el paciente pueda mantener el equilibrio con unas prótesis encajadas en los muñones, que además rozan y generan molestias. Es una sensación que conoce también Rafa Boado, un militar gallego -ahora retirado- de 37 años que perdió su pierna derecha en un accidente de moto en 2020, cuando estaba destinado en la Región de Murcia. «Me cegó el sol, se me coló el pie en la valla de alambre del arcén y lo seccionó. El hueso quedó desnudo y me tuvieron que amputar de urgencia», relata. Con la prótesis convencional que le pusieron recuperó autonomía, pero con muchas limitaciones. «Uno de los principales problemas es el encaje: hay rozaduras, te molesta; no es fácil que se amolde bien».
Pero todo esto es el pasado para Rafa y Josefa. En noviembre de 2024 se convirtieron en los primeros pacientes en someterse en La Arrixaca a una cirugía de osteointegración. Los traumatólogos César Salcedo, jefe de la Unidad de Cirugía Ortopédica Infantil, y Javier Martínez Ros, de la Unidad de Patología Séptica y Reconstrucción Ósea, les implantaron un dispositivo de titanio dentro del hueso del miembro amputado, de forma que ahora utilizan prótesis que se anclan directamente al hueso, frente al tradicional encaje en el muñón. «Antes, colocarme la prótesis me suponía cinco o diez minutos. Ahora, cuando me levanto por la mañana hago ‘click’ y ya está», resume Rafa Boado mientras hace una demostración. Él lleva una de estas prótesis que se integran en su cuerpo, cual ‘cyborg’ futurista. Josefa, dos. Eso, y su edad, la convierten en un caso «único en España», destaca César Salcedo. La osteointegración se realiza en muy pocos hospitales en todo el país. La técnica concreta aplicada en La Arrixaca solo se lleva a cabo en el Hospital Central de Asturias y en el Vall d’Hebron de Barcelona, explican los traumatólogos.
Josefa fue arrollada por un coche en 2022, cuando tenía 80 años. Su caso es único: «Desde el primer momento decidí que tenía que volver a andar»
La Arrixaca se ha incorporado a este pequeño grupo de centros de vanguardia de la mano tanto de las potentes unidades de Cirugía Ortopédica Infantil y Patología Séptica y Reconstrucción Ósea, que son de referencia nacional, como del servicio de Medicina de Rehabilitación.
Un trabajo en equipo
Este es un trabajo que se hace en equipo desde el principio. Las médicas rehabilitadoras realizan una evaluación previa a la intervención. Son ellas quienes tienen que confirmar que, por sus características, el paciente se puede beneficiar de la osteointegración. «Es algo que analizamos en común con los traumatólogos. Estamos hablando de pacientes que no pueden optar a una prótesis tradicional porque su nivel de amputación no es el estándar. Tienen un muñón muy corto, sin musculatura, o el anclaje convencional les genera mucho dolor», detalla María Monteagudo, jefa de Rehabilitación.
Javier Martínez Ros, Antonio Cascales, Ester Góngora, María Monteagudo, Josefa Aparicio, María Hinojosa, Madalina Graure, César Salcedo y Rafa Boado.
(J. l. Ros Caval / AGM)
Después de la evaluación llega la cirugía de osteointegración, pero esto es solo el principio. Rafa Boado pasó por seis meses de Rehabilitación: todas las mañanas de lunes a viernes. Josefa necesito mucho más: 16 meses. «A base de gimnasia y coger fuerza lo he conseguido. Tenía claro desde el principio que iba a volver a caminar. Ahora puedo andar para hacer la comida o tender la ropa, aunque tengo el suelo lleno de pinzas porque agacharse a recogerlas es otra cosa», cuenta con humor. Eso sí, para moverse un poco más usa bastones.
Tras una amputación, el hueso «pierde mucha densidad mineral ósea, porque el paciente ha dejado de apoyar y caminar. Se convierte en un hueso muy frágil que se puede romper», explica la médica rehabilitadora María Hinojosa. En el caso de Josefa y Rafa habían pasado dos y cuatro años desde el accidente, respectivamente. Así que la rehabilitación, monitorizada por los fisioterapeutas tras las indicaciones de los médicos, debía empezar por fortalecer la estructura ósea. «Trabajamos con cargas controladas dos veces al día, para preparar al paciente antes de empezar con la prótesis», resume Hinojosa.
Tras este largo proceso, Rafa Boado ha integrado la prótesis con toda naturalidad. No le duele, y ha conseguido superar muchas limitaciones de movilidad. Tiene además poco tiempo para permanecer sentado desde que es padre. Aparece en La Arrixaca con su hijo Gonzalo, de 1 año, a horcajadas sobre sus hombros. Algo que hace apenas un par de años no habría podido hacer. «No para», confiesa mientras camina con paso seguro. «Ahora, por las vibraciones al pisar, puedo percibir si el suelo es liso o rugoso, si es de hierba o de tierra». La prótesis es ya una parte más de su cuerpo.
Rafa Boado y Josefa Aparicio, junto a los traumatólogos Javier Martínez Ros y César Salcedo.
La osteointegración se ha convertido en una alternativa esperanzadora cuyo uso probablemente se vaya extendiendo. Pero cada caso es distinto, y depende de las características del paciente. «Josefa es una mujer de 82 años muy activa, que no tenía problemas de salud. Pero si tienes 85 años y te han amputado la pierna por complicaciones de la diabetes, no eres candidato a esta prótesis, porque tienes un problema orgánico», aclara la rehabilitadora Ester Góngora. No se pueden generar falsas expectativas, avisa.
El equipo de César Salcedo se prepara ya para nuevas intervenciones de este tipo. Juan David Ros, lorquino de 38 años, es el siguiente en la lista de espera para entrar al quirófano. Hasta el accidente que marzo de 2018 le seccionó la extremidad derecha trabajaba de tractorista. Ahora es vendedor de la ONCE. «La fresadora del tractor me molió la pierna», resume. No ha podido utilizar una prótesis tradicional, así que se mueve con muletas. «Estoy esperando la osteointegración con muchas ganas», confiesa. Confía en que todo empiece a cambiar después de este verano.

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Enlace de origen : Las nuevas piernas de Josefa y Rafa: «Ahora caminamos sin dolor»