
La plaza del Rey ha sido a lo largo de la historia escenario de algunos de los eventos históricos más importantes. Frente a la puerta … del Arsenal, cruzó el coche que conducía a Alfonso XIII al buque que le llevaría al exilio. También allí desembarcó la comitiva real que transportó a la Reina Sofía a ver la california procesión del Silencio esta pasada Semana Santa. Pero la plaza también es punto de encuentro de algunas de las fiestas más populares. Ahí están las preuvas de Pepita para atestiguarlo. Sin embargo, este rincón privilegiado del centro también es uno de esos espacios urbanos capaces de concentrar buena parte de los debates que atraviesan hoy las ciudades: la adaptación al cambio climático, la calidad del espacio público, la conservación de la identidad histórica y la búsqueda de un equilibrio entre funcionalidad y diseño. Aunque sigue siendo un punto de encuentro habitual para familias, clientes de la hostelería y vecinos del centro, las opiniones recogidas por este diario entre especialistas y usuarios habituales reflejan un consenso creciente sobre la necesidad de repensar su configuración actual.
Desde una perspectiva técnica, el profesor de la UPCT Salvador García-Ayllón sitúa el origen de muchos de los problemas actuales en las transformaciones urbanísticas desarrolladas durante las décadas de 1970 y 1980. Según explica, «la necesidad de implementar parkings subterráneos para solucionar los crecientes problemas de movilidad y aparcamiento en los años 70 y 80 derivó en un modelo de espacio público materializado con numerosos elementos artificiales que absorben el calor y retiene la temperatura durante todo el día». A su juicio, la plaza del Rey constituye uno de esos ejemplos y forma parte de un fenómeno que hoy genera en muchas ciudades las denominadas «islas urbanas de calor». Frente a ello, apunta que desde la universidad se trabaja junto al Ayuntamiento en iniciativas europeas para impulsar «nuevos modelos de espacio público» que permitan combinar movilidad sostenible y renaturalización urbana mediante «soluciones basadas en la naturaleza», incorporando «asfaltos fríos» y más zonas verdes capaces de reducir la acumulación térmica y mejorar el drenaje urbano.
Esa lectura científica encuentra un reflejo muy concreto en la experiencia cotidiana de quienes utilizan la plaza a diario. Para Pilar Barnuevo, madre y usuaria habitual del espacio, la plaza conserva importantes atractivos y sigue siendo «una zona muy agradable para estar con los niños en su zona de juegos infantiles o para tomar algo en alguno de sus bares». Barnuevo destaca además que las estructuras metálicas actuales «dan la sensación de formar un bosque artificial» y considera que «son muy bonitas y por la noche proporcionan una luz cálida y placentera». Sin embargo, introduce también una de las críticas más repetidas por los usuarios. «No dan demasiada sombra y en verano hace mucho calor para estar en el parque en las horas centrales del día», una circunstancia que limita notablemente el disfrute del espacio durante los meses más cálidos.
Una visión diferente, aunque en algunos aspectos coincidente, es la que aporta el abogado urbanista Carlos San Vicente. Su análisis se centra menos en la cuestión climática y más en la relación entre la plaza y su entorno monumental. Para él, «la plaza del Rey requiere una intervención, pero no desde planteamientos estéticos arbitrarios». Considera que el actual «bosque de árboles metálicos» es «un elemento completamente ajeno al entorno» que «no dialoga ni con la escala ni con el carácter institucional de la plaza» y que además «distorsiona la jerarquía visual del conjunto, presidido por la Puerta del Arsenal». Por ello, defiende que «lo que debe desaparecer es precisamente ese bosque de árboles metálicos» para recobrar una ordenación más respetuosa. Su propuesta pasa por «recuperar la idea original prevista cuando se construyó el aparcamiento subterráneo», incorporando una fuente ornamental, manteniendo los juegos infantiles y habilitando un espacio abierto para actos públicos. En definitiva, sostiene que la solución consiste en «recuperar una plaza que se adapte al lugar, lo respete y lo ponga en valor».
Mucha memoria de la historia de esta plaza guarda en su mente Antonio Conesa, secretario de organización del Partido Cantonal, cuya sede permanece en este enclave desde 1977. Recuerda que «a finales de los años setenta y durante la década de los ochenta, la plaza era un vergel», con «mucha vegetación por todos lados y una fuente de piedra» que formaba parte de la vida cotidiana del barrio. Según explica, el cambio llegó con la construcción del aparcamiento subterráneo, que supuso «la eliminación por completo de los árboles». Después llegaron nuevas transformaciones, incluida la instalación de las actuales estructuras metálicas, que define como «las palmeras de hierro que a nadie gustan». Aun así, reconoce que «la Plaza sigue siendo concurrida por los juegos infantiles y los varios negocios de hostelería», aunque insiste en que «en verano, los críos no llegan hasta bien pasada la tarde porque no hay sombra».
Los hosteleros también tienen mucho que decir en la cuestión. Antonio regenta El Galeón, probablemente el local con más solera de cuantos hay abiertos en la plaza. Para él, además de los problemas antes expuestos, el mantenimiento deja también que desear. «Está mal cuidada porque la limpieza es un poco desastre. Hay losas rotas. Algunas las han repuesto, pero todavía cuando llueve se forman charcos. También hay zonas a las que les falta iluminación por la noche. La plaza no está tan mal como otras zonas de la ciudad, pero podría estar mucho mejor», asevera este hostelero.
Desde el Ayuntamiento, portavoces municipales resaltan por su parte que la plaza del Rey es una plaza viva que aúna una gran cantidad de eventos y actividades municipales. Asimismo, señalan que Urbanismo ha venido impulsando la rehabilitación de edificios protegidos en el entorno. Los dos más recientes en los cruces de las calles San Agustín, Bodegones y Comedias. Dos inmuebles residenciales a los que se le añadieron dos plantas adicionales en estilos completamente diferentes a las plantas inferiores. Pendiente de iniciar obras está el edificio que hace esquina con la calle Villamartín y que linda por detrás con la Casa Llagostera.
Las mismas fuentes indican la dificultad que supone la existencia del parking subterráneo para incrementar el sombraje. El subterráneo impide la plantación de árboles de gran porte como aquellos con los contó hasta los años 90. Imagen ajardinada que ahora, cada cierto tiempo, se comparte con añoranza en diferentes foros en redes sociales que hacen difusión de imágenes históricas.

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Enlace de origen : Usuarios y vecinos de la plaza del Rey de Cartagena abogan por incrementar los espacios de sombra