
Es un enamorado del fútbol, pero también de su familia, que nunca le dejó solo. En base a lo segundo, el murciano Andrés Sánchez (Aljucer, … 40 años) dibujó una carrera deportiva con 254 partidos en Segunda B, más de 120 en Tercera y cerca de un centenar en Preferente. Tras completar 40 primaveras, ha tomado la decisión de dar un paso al lado para compartir más tiempo con la familia y centrarse en su oficio de mantenimiento de parques y jardines. «El fútbol me ha dado los valores que tengo, tanto los buenos como los malos; por ello ha sido una etapa en la que no me arrepiento de nada, porque me lo ha dado todo», confiesa.
Andrés arrancó en el deporte que le enamoró a los siete años en el Algezares. Luego se formó en el Cordillera, primero en el fútbol sala y después en fútbol, después pasó por La Alberca y, en cadetes, firmó por la cantera del Real Murcia, donde «jugamos la Copa de Campeones, competición en la que nos eliminó el Valencia de David Silva». En la cantera grana disputó tres años como juvenil y logró debutar en Tercera con el filial.
Acabada esta fase previa al profesionalismo, tuvo su primer paso por el Caravaca, en Tercera. «El primer año fue un poco más complicado, pero en el segundo hicimos ‘playoff’, donde ganamos en casa 3-0 al Raqui San Isidro y allí nos metieron un contundente 5-1; el árbitro dio nueve minutos de prolongación, nos expulsó a dos jugadores, nos anuló un gol legal y fue añadiendo tiempo hasta que nos hicieron el quinto. Pero bueno, cosas del fútbol», comenta con la sonrisa de quien recuerda una historia que dificilmente escapará algún día de su memoria.
(FOTO: G. CARRIÓN / AGM | VÍDEO: PRUDEN LÓPEZ)
Aprendizaje en Orihuela
En 2007, con 21 años, le llegó la oportunidad de debutar en Segunda B en las filas del Orihuela. Allí estuvo dos años, en los que el primero fue el más complicado. «La temporada del debut sí que fue difícil en lo deportivo, no jugué casi nada pero aprendí muchísimo, sobre todo lo que no había que hacer», confiesa. A partir de su segunda campaña comenzó su ruta por diferentes equipos de Segunda B, como el Moratalla, el Caravaca, el Ceuta o el Melilla antes de llegar al club de su vida: el Cádiz.
Tras varias temporadas , después de pasar por el Marbella y el Jumilla, subió al Orihuela a Segunda B en un «año espectacular» pero su cabeza estaba más centrada en la familia. «Había nacido mi hijo y los viajes a Cataluña en Segunda B me hicieron plantearme otras cosas. Decidí volverme a la Región de Murcia para terminar mi carrera», confiesa.
Sangre cadista
El Cádiz es el equipo más especial para Andrés. Estuvo tres años, conoció a la que ahora es su mujer y debutó enfrentándose a su hermano Mario en un Cartagena-Cádiz en el Cartagonova. «Ha sido lo más grande que me ha pasado en el fútbol, logré sentirme futbolista; he jugado en sitios en los que he estado muy a gusto, pero como en Cádiz no hay comparación», confiesa. Su fichaje por el club gaditano se vio truncado a la primera. «Me llamaron estando en el Melilla porque al Cádiz no le estaban saliendo las cosas y Ramón Blanco me quería en enero. Fue el que más apostó por mí. Pero el Melilla no me dejó salir», cuenta.
Eso le «dolió» porque «la oportunidad de jugar en ese club, en ese estadio y con esa afición solía pasar una vez solo». Sin embargo, un partido en el Carranza con el Melilla volvió a despertar el interés. «Tuve la suerte de que cuando fuimos a jugar allí me salieron las cosas bien y Raúl Ángel volvió a retomar el interés», recuerda. Rechazó ofertas del Albacete, Alcoyano, Nàstic y una del Real Murcia en Segunda cuando ya estaba todo firmado con el Cádiz. «No era la mejor económicamente pero las veces que había jugado ahí disfruté muchísimo del ambiente», dice.
Su misión de subir al Cádiz a Segunda lo logró en su tercera temporada, con Álvaro Cervera. Aquella campaña le dejó una de las espinas que llevará clavada para siempre: la de jugar en el Bernabéu en Copa del Rey. «Los entrenadores iban rotando a unos jugadores en casa y otro fuera, en aquella eliminatoria me tocaba jugar fuera, en el Bernabéu, pero ocurrió lo de Cheryshev y no jugamos. Luego contra el Celta de Berizzo sí pude competir», comenta.
254
partidos
disputó en Segunda B, 120 en Tercera División y casi un centenar en Preferente
La otra espina es la de no jugar un ‘playoff’ en sus tres años en la tacita de plata. «En el primero tenía molestias, jugaba con el tobillo dormido, hasta que llegó la final del ‘playoff’, estaba para competir y el entrenador no fue sincero conmigo: tuvimos una llamada telefónica y cuando llegó el partido no se cumplió. En el segundo ‘playoff’ me perdí la final de campeones ante el Oviedo con el campo lleno por una rotura en el peroné y en el tercero, Cervera fue de frente en todo momento» confiesa.
Todo por los suyos
Su familia fue quien marcó el camino de su carrera. Sobre todo desde su etapa en Cádiz, donde conoció a su mujer, Sara, que lleva tatuada en su brazo izquierdo. «Llevo un micrófono tatuado porque ella es cantante, y un bolo con el número 19 porque empezamos a salir en una bolera un día 19 y así no se me olvida el aniversario», confiesa entre carcajadas. Estos dos tatuajes, junto a un dibujo de su hijo, muestran la importancia que tiene su entorno en él. «Mi familia necesitaba un poco más y yo quería un poco más de mi familia, pero aún así estuve tres años en el Olímpico de Totana. Terminé allí y no pensaba alargarlo mucho. Pero mi familia quería que siguiese», comenta. Y así fue, el Bala Azul le tenía preparada su última camiseta de profesional esta pasada temporada.
Pero el destino le habló desde el inicio de este 2026. «Cuando empezó la liga vi que el último partido era un Bala Azul-Caravaca en casa. Uno de mis primeros equipos fue el Caravaca y al final el fútbol manda señales. Poder retirarme donde he querido, a gusto, con mi gente y feliz es un lujo. Sé que puedo jugar más y puedo decir que el fútbol no me retira; es algo que no cambio por nada», asegura un guerrero del balón que cuelga las botas.

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Enlace de origen : El adiós de un guerrero murciano del balón que encontró su hogar en Cádiz