La historia de los clubes está escrita a base de hazañas, recuerdos bonitos, recuerdos menos agradables, lágrimas… La del FC Cartagena ha tenido de todo … un poco. Algunas alegrías se han podido celebrar, eso es cierto. Pero en su mayoría, ha sido redactada a base de golpes, desilusiones y llantos -tanto deportivos como institucionales- que han terminado por forjar un carácter rudo en el seguidor albinegro. Tanto es así, que en muchas ocasiones el aficionado toma referencias temporales en base a una u otra página negra que haya acontecido en lo que a ascensos frustrados se refiere. Las más sonadas, el Cordobazo y Majadahonda. Dos de esas imborrables por mucho que pasen los años. Sin embargo, en un imaginario podio de los horrores, el tercer escalón lo ocupa la noche del 11 de junio de 2006. El que pasó a la historia como el Vecindariazo fue la primera gran tragedia futbolística para una generación que empezaba a acudir al Cartagonova escuchando, de parte de sus padres y abuelos, lo que había ocurrido siete años atrás en ese mismo estadio.
Han pasado, por tanto, exactamente dos décadas. Hoy se cumplen 20 años justos de aquella amarga noche y la recuerdan, sin embargo, de forma nítida tres de los componentes de aquella plantilla, que atienden a LA VERDAD en la víspera de una fecha marcada como esta. Mariano Sánchez, Leo Gómez y Ander Lafuente coinciden en que ese grupo fue «uno de los mejores» de los que han formado parte a lo largo de su carrera. «Éramos favoritos absolutos para subir», afirma un Mariano Sánchez que estaba recién llegado al club. «Había mucha ilusión porque el proyecto era para ascender. Era un equipo comparable al que años después sube en Alcoy», dice el pinatarense.
Un equipo imparable
De hecho, las previsiones se estaban cumpliendo. El equipo dirigido por Juan Ignacio Martínez terminó líder destacado y aventajando en ocho puntos al Águilas, que fue segundo. Además, no se había perdido ni un solo partido en casa, terminando con catorce victorias y cinco empates. No obstante, el sistema de ‘playoff’ de entonces no otorgaba al primer clasificado más privilegio que el de enfrentarse a un cuarto con la vuelta en casa. De esta forma, el Efesé quedó emparejado con la UD Vecindario, cuarto clasificado del Grupo I. «Estábamos confiados en que podíamos subir», cuenta el cartagenero Leo Gómez. El lateral diestro se perdió el partido de ida en Vecindario, pero sabe lo complicado que fue sacar adelante el partido en el campo de césped artificial. 2-2 terminó la ida.
Sí que estuvo Ander Lafuente, también en su primera temporada en Cartagena. 20 años después tira de memoria para recordar que hubo un gol anulado con cierta polémica en la ida. El modesto conjunto canario marcó dos goles al comienzo del segundo tiempo, pero los tantos de Xavi Molist y Sabino hicieron que se llegara a la vuelta con una situación favorable. «Estaba encarrilado porque nos valía el empate», comenta el vasco.
« Sabino estaba destrozado. El vestuario era un cementerio», recuerda Mariano Sánchez
Así se presentó una semana después el equipo en el partido de vuelta. Con un Cartagonova pletórico en busca de un ascenso. 11.000 espectadores acudieron aquella calurosa noche de junio al estadio. Y la realidad es que se hicieron méritos suficientes para haber logrado la clasificación. A pesar de no necesitar marcar, el Cartagena dispuso de alguna oportunidad clara en la primera parte. No obstante, quien se adelantó en el marcador fue el Vecindario al borde del descanso gracias a un cabezazo de Ruano en un saque de esquina. Un Ruano que antes había pasado por Cartagena, con tan mala suerte de lesionarse de gravedad en la rodilla y quedarse sin ficha. La segunda mitad fue un acoso y derribo sobre la portería de Santi Lampón. Bien por culpa de los palos, del meta visitante o la falta de acierto, se alcanzaron los minutos finales en desventaja. «Fue algo insólito», recuerda Mariano. Desde la grada, Leo vio cómo Lampón «hizo el partido de su vida». «De cien veces que se jugase ese partido, nos hubiéramos quedado sin marcar en dos o tres», asegura Lafuente.
Pero lo peor estaba aún por llegar. Cerca del minuto 80, el colegiado señaló la pena máxima a favor de los albinegros. Sabino, delantero que había sido el pichichi de la temporada con casi una veintena de goles, fue el encargado de lanzar. Con la pierna derecha y ajustado al palo, el ariete vio cómo el arquero se estiró y desvió el balón a saque de esquina ante la decepción de los de aficionados que estaban en la grada. El equipo lo intentó hasta el final, pero cayó eliminado. «El vestuario era un cementerio», afirma un Leo que, estando lesionado, bajó desde la grada para pasar el trago con el resto de la plantilla. «Fue muy duro, aunque lo del Cordobazo fue peor», valora.
Los jugadores del Cartagena se lamentan tras el gol de Ruano.
(J. M. Rodríguez / AGM)
«Sabino estaba destrozado. Todos fuimos a darle apoyo porque éramos como una familia», explica Mariano Sánchez. Lo cierto es que el delantero quedó como el señalado de aquella trágica noche, pero fueron muchas las oportunidades desaprovechadas, como un mano a mano de Lafuente: «Yo mismo fallé una delante del portero. Es injusto hablar solo de Sabino», reconoce. Finalmente, el Vecindario terminó subiendo tras eliminar al Levante B. El Cartagena, por su parte, tendría que esperar otros tres años para volver a la categoría de plata con el ascenso en Alcoy. «Ahí celebramos los dos ascensos perdidos ante el Córdoba y el Vecindario», admite Leo. Lo que está claro es que aquel 11 de junio de 2006 del que hoy se cumplen 20 años supuso una decepción más para una afición que, veinte años después, pelea por tener la ilusión de volver a Segunda.

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Enlace de origen : El penalti errado de Sabino que dejó herida en Cartagena: 20 años del Vecindariazo