Alrededor del grupo de seis mujeres que se sientan en círculo en el suelo, se mueven con curiosidad cuatro yeguas de gran tamaño. Al principio, … los animales se mantienen alejados, casi pegados a las cercas del recinto. Después, el tiempo va diluyendo los nervios y los equinos comienzan una lenta aproximación. Cuando se encuentran ya a pocos centímetros, bajan la cabeza, olfatean, se dejan acariciar. «Lo notan», señala Pedro Ferrer, que es capaz de reconocer de un vistazo y llamar por su nombre a cada uno de los ejemplares que hay en el centro ecuestre de la Fundación Centauro Quirón que preside, ubicado en la zona más alta del Campus de Espinardo.
«Son muy sensibles a las emociones humanas –asegura sin perder de vista a los animales–. Si estás nervioso, se marchan».
El acercamiento no forzado entre los caballos y las mujeres es la primera estación de un nuevo programa para víctimas de violencia sexual en la Región de Murcia, que consta de cuatro fases y que ha sido diseñado para paliar el trauma y ayudarlas en su reconstrucción emocional.
Grupos reducidos
La iniciativa, presentada este martes por la consejera de Política Social, Familias e Igualdad, Conchita Ruiz, y por Pedro Ferrer, constará de ocho sesiones que se prestarán con periodicidad semanal para grupos de 5 a 10 mujeres procedentes del Centro de Atención Integral a Víctimas de Violencia Sexual (Caivax).
Las técnicas montan a caballo en sesiones dedicadas a formarse para las terapias.
(Javier Carrión / AGM)
Las mujeres que acarician a los caballos ante los objetivos de las cámaras no son víctimas, sino técnicas en el tratamiento asistido con caballos que se han prestado a ejemplificar ante los medios de comunicación los pasos que seguirá la terapia. Pero solo unas horas después, en el mismo lugar, se sentarán las primeras víctimas reales, mujeres que han sido violadas, vejadas, sometidas o abusadas, y que arrastran graves secuelas psicológicas.
Los equinos del programa han sido maltratados, abandonados o rescatados: «Se produce una simbiosis; ellos también se recuperan»
La puesta en marcha de esta iniciativa tiene sus raíces en la terapia que ya realizan en la Comunidad con estos animales víctimas de violencia de género. «Con ellas ha tenido muy buenos resultados», subraya la consejera. «Han participado ya en torno a 200 mujeres, pero queríamos llegar también a las mujeres víctimas de violencia sexual, que tienen unas problemáticas y unas características diferentes a la hora de trabajar con ellas», asegura.
«Con las víctimas de violencia de género nos enfocamos mucho en la reconexión familiar», explica Pedro Ferrer. «Este está más pensado para la reconexión personal» de mujeres que, en muchas ocasiones, llegan con la autoestima destruida.
«Este tipo de violencia se sufre en muchas ocasiones durante un tiempo prolongado, a veces desde la infancia, y genera unos traumas importantes que hay que trabajar a través de profesionales; estamos hablando de psicólogos, de terapeutas ocupacionales y también profesionales de la equitación», explica la consejera.
Cuatro pasos
Tras la primera fase de acercamiento, la terapia pasa a una centrada en la comunicación no verbal, donde las mujeres cuentan con dos espacios «uno de autocuidado y otro de cuidado del caballo». Ya ahí las víctimas tendrán que interactuar de forma más intensa con el animal, «lo que les exigirá controlar sus emociones», explica Ferrer. Si no, no podrán estar con el caballo. El tercer paso consiste en guiar al caballo por un circuito marcado con conos únicamente utilizando la energía y el lenguaje no corporal, que pondrá a prueba la gestión de la frustración. En último lugar, llegará el momento que da nombre al programa (‘Las riendas de tu vida’) con la monta del animal.
Una de las técnicas en terapia asistida con caballos abraza a uno de los animales.
(Javier Carrión / AGM)
Antes de empezar, los profesionales completarán una intervención inicial, que les permitirá evaluar la situación de cada una de las mujeres y sus expectativas del tratamiento, para saber de dónde parte cada una.
Una de las técnicas estira la mano ante la atenta mirada de la comitiva, y el equino la corresponde pegando el hocico. Nada en su comportamiento hace pensar que haya podido sufrir graves daños en interacciones anteriores con humanos, pero hace solo 12 años, unos agentes del Seprona lo salvaron de una muerte segura en una granja de Mula en la que había sido abandonado junto a otros 38 equinos que fueron hallados con desnutrición extrema. Uno de ellos ni siquiera podía levantarse. «Son yeguas de la ‘Operación Jinete’, pero todas tiene su historia», señala Ferrer. «Esa otra fue rescatada de la dana».
Es una de las características de la terapia. Todos los animales que participan en la actividad provienen de procesos de abandono, de maltrato o han sido rescatados. «Al final lo que se produce es una simbiosis donde las mujeres que participan en el proceso ayudan a la vez a la recuperación social, emocional y física de los animales –asegura Ferrer–, rompiendo así el rol de víctima». Ayuda mutua.

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Enlace de origen : Terapia con caballos para tomar las riendas contra el trauma de la violencia sexual: «Se produce una simbiosis; ellos también se recuperan»