Lennis Rodriguez (República Dominicana, 1994) hace equilibrios entre su vida como madre soltera y sus compromisos como artista. Trabajaba como camarera hasta que un día se lanzó a buscar su oportunidad en la música. En apenas dos años, ha logrado que más de medio millón de personas escuchen sus canciones mensualmente en Spotify. Acaba de publicar Colores, su primer disco de estudio.

¿Cómo llegas al mundo de la música? Yo canto desde que nací. Iba a la iglesia para poder cantar en el coro, en el colegio me pedía cantar siempre… Pero, en el sentido profesional, yo era camarera y madre soltera. Un día estaba en un concierto y vi que una persona iba con el artista. Entonces le digo: oye, yo canto. Le canté allí una de Whitney Houston y me puso en contacto con el que es mi actual manager. Llamé a mis amigos y me fui al estudio. Aquello era un estudio lleno de chavales de barrio, sin camiseta, tirando el todo por el todo cada vez que grababan un trap, porque hacían trap. Entonces empecé un proceso larguísimo para entender qué quería.

¿Fue fácil encontrar lo que querías? Al principio, erróneamente, tenía prisa en saber qué cantar. Yo fusiono todo lo que he conocido. Tan dominicana como española tengo mil géneros donde bailar. Tal vez no te cante un flamenco palmao pero a lo mejor te lo estoy diciendo como lo diría una flamenca. O te canto una bachata para que te vuelvas loco dando cintura, pero de lo que estoy hablando no es de lo que se suele hablar en la bachata. Creo que ando por lo tropical y también por lo urbano. Urbano en el buen sentido porque canto de lo que vivo y vengo de barrio.

Naces en República Dominicana y llegas a España muy pequeña, ¿qué recuerdos tienes de tu acogida aquí? Yo tenía 9 años o por ahí. Lo primero que te voy a decir es que toda mi experiencia en España fue positiva. Yo venía de un país con mucha inseguridad en las calles y aquí estaban llenas. Había posibilidad de estudiar, fui al conservatorio… Así que para mí fue como un roto para un descosido. La mentalidad social y que haya tantas personas diferentes en un mismo lugar de tantos sitios distintos te hacen nutrirte de formas de vivir, de formas de ser… Nutrirte para bien. Te hacen respetar.

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